Resumen
En el anterior documento (DOCINF 06/24 de fecha 13/05/2024) se analizaron de manera sucinta los antecedentes y las bases doctrinales de lo que actualmente se conoce como guerra de la información. Desde las operaciones de decepción en la antigüedad hasta las campañas de desinformación[1], a lo largo del siglo XIX se fue gestando el desarrollo más complejo de la propaganda[2], las campañas de información y la guerra psicológica para dar paso al concepto actual de guerra de la información, o guerra cognitiva[3].
En esta segunda parte se pretende profundizar en el cómo, el porqué y el para qué de las campañas de información llevadas a cabo a lo largo de los principales conflictos del principio del siglo XX, en los que el diseño de las operaciones militares comenzó a integrar las capacidades de la guerra psicológica en los niveles estratégico y político.
[1] Campañas contra el General Weyler en la guerra de Cuba.
[2] El término propaganda no se convirtió en parte del uso común hasta después de 1918, prefiriendo la frase «la manipulación del impulso popular (Qualter, 1985).
[3] Concepto Information Warfare para OTAN.
Palabras clave
Guerra psicológica, guerra cognitiva, información, propaganda, decepción.
Abstract.
In the previous document (DOCINF 06/24, dated 05-13-2024), the background and doctrinal bases of what is currently known as information warfare were briefly analysed. From deception operations in antiquity to disinformation campaigns, throughout the nineteenth century the most complex development of propaganda, information campaigns and psychological warfare was taking shape to give way to the current concept of information warfare, or cognitive warfare.
This second part aims to delve into the how, why and for what of the information campaigns carried out throughout the main conflicts of the early twentieth century, in which the design of military operations began to integrate the capabilities of psychological warfare at the strategic and political levels.Keywords
Psyops, cognitive warfare, information warfare, propaganda, deception.
Introducción.
Con la invención de la radio a finales del siglo XIX, se alteró para siempre la trascendencia y repercusión de la propaganda, haciendo posible que los mensajes que sustentaban las distintas campañas se difundieran a través de las trincheras y a largas distancias sin necesidad de una presencia física. Las proclamas, arengas y alocuciones llegarían a una audiencia más global procurando así una mayor efectividad y por tanto más probabilidades de influir en las voluntades de los oyentes[1].
En última instancia, la radio se convertiría en el principal medio de propaganda blanca[2] a gran escala, en la que la fuente del mensaje es clara y la audiencia conoce y a menudo espera ansiosamente escuchar diferentes puntos de vista políticos. Sirva como ejemplo el primer uso conocido de la radio para la difusión a nivel internacional durante la primera guerra mundial. En concreto, a lo largo de 1915, Alemania utilizó el medio radiofónico para proporcionar un informe diario de noticias sobre actividades bélicas, que sería amplificado por la prensa nacional y extranjera hambrienta de noticias actualizadas.
En el periodo de entreguerras, durante la guerra civil española, las radios de uno y otro bando y los “camiones altavoz” como emisoras de trinchera, amplificarían las distintas campañas. Por un lado, la radio centraba sus objetivos en audiencias urbanas y globales mientras los altavoces en las trincheras trataban de alcanzar los corazones y las mentes de los combatientes.
[1] El término doctrinal sería audiencia objetivo, targeted audience (TA en OTAN).
[2] En una primera subdivisión de la propaganda de trincheras la considerada como “blanca” era la que provenía directamente del adversario sin subterfugios ni manipulaciones.


El medio de difusión global procuraría la repercusión y trascendencia de los mensajes, pero el siguiente avance significativo sería el del planeamiento sistemático y al máximo nivel de las campañas de propaganda.
En el anterior documento[1] se hipotetizó con la posibilidad de que las publicaciones contra el General Weyler en la guerra de Cuba fueran la primera aparición en la historia de los conflictos bélicos de las campañas de propaganda. No obstante, la creación por parte gobierno británico de la Oficina de Propaganda de Guerra en 1914 oficializa la consideración de la propaganda y por ende las operaciones psicológicas[2] como arma de guerra contemporánea cuya dirección y planeamiento se llevaría a cabo en el nivel estratégico-político. La organización era el centro de la propaganda británica en el extranjero y llegaría a ser conocida como Wellington House después de su ubicación en Buckingham Gate, Londres.
[1] Propaganda y decepción, vigencia de las operaciones psicológicas. De los escenarios clásicos a los contextos híbridos. Parte I.
[2] Doctrinalmente PSYOPS.

La moral como factor psicológico esencial.
En el proceso de planeamiento de las distintas campañas de propaganda, la consecución de unos objetivos psicológicos es esencial para alcanzar el éxito. En el contexto de la primera y segunda guerra mundial, la moral sería el principal factor legitimador para la población propia, así como la falta de moral para deslegitimar al adversario.
Claro ejemplo es La Campaña de la Ira[1] campaña muy agresiva que presentaba al germano como un ser falto de moral «El huno… que matará a mujeres y niños». Por una parte, se justifican las acciones propias como el reclutamiento masivo (imagen de la derecha) necesario para mitigar el daño que pueda causar del adversario y se enfatizan la moral y el patriotismo como garantes de la victoria; por otra se magnifican las atrocidades del bárbaro germano – el huno – que pretende destruir los valores de una civilización más avanzada (imagen de la izquierda).
[1] Anger Campaign, ya mencionada en la anterior publicación. De los escenarios clásicos a los contextos híbridos. Parte I.


Además, La Campaña de la Ira supondrá la primera campaña de desinformación ya que se utilizarán las mentiras deliberadas como el maltrato a prisioneros, y la crueldad inusitada para garantizar deslegitimar al adversario. De la cartelería y mensajes radio serán factores clave, en cuanto a diseño, la sencillez, la concreción y la emotividad de la narrativa para alcanzar a una audiencia global, principalmente población civil.
La estrategia del contraste. Legitimarse deslegitimando.
Una vez establecida la superioridad moral de la causa propia, las campañas de propaganda han de sostener el esfuerzo estimulando y agitando de forma permanente a las distintas audiencias objetivo.
Considerando la población civil, el miedo, la indignación, el horror y el odio hacia el adversario, han de ser inoculados de forma que el apoyo a la causa propia no tenga fisuras, aunque no sea en la trinchera. Este tipo de campañas fueron muy fructíferas como publicidad para la compra de bonos patrióticos o las aportaciones del campo y la industria a la logística de guerra.


Considerando a las tropas como audiencia objetivo, para las tropas propias habría que mantener la voluntad de combatir a través de la moral y para el adversario la futilidad de sus acciones, tratando de influir con la indignación que supone la vida del combatiente en comparación con la de aquellos que le envían al combate.
Sirvan como ejemplo las octavillas diseminadas en el frente de Stalingrado cuyo objetivo eran las tropas sitiadas de la Werchmat[1] “Mientras tú mueres en el frente, tus oficiales viven los placeres de Berlín (izq.) mientras tú mueres en el frente extranjero los extranjeros viven en Alemania (dcha.)”:
[1] Fuerzas armadas de la Alemania nazi.


En este caso, con una audiencia objetivo-sitiada, permanentemente al borde de la muerte y sin las más mínimas condiciones de vida, la efectividad de la campaña está garantizada. Aun sin conseguir deserciones o disminuir la voluntad de vencer del adversario, el objetivo psicológico de infundir indignación estaría garantizado.
Conclusiones: el para qué.
Se puede considerar, habida cuenta del contexto divulgativo, que tanto las guerras mundiales como la guerra civil española fueron el escenario donde se institucionalizó y desarrolló la propaganda como arma de guerra y precursor de las operaciones psicológicas. El planeamiento de campañas a nivel político y estratégico perseguía alcanzar lo intangible, lo inherente del ser humano, la capacidad de juicio. El objetivo de estas campañas era (y será) influir de manera transversal en la toma de decisiones del oponente y la finalidad última, propiciar una victoria por la derrota psicológica del adversario o por su filiación a la causa propia, procurando para ello las mínimas capacidades militares[1].
[1] Analogía de lo descrito por Sun Tzu, en su tratado sobre El arte de la Guerra.
Juan Pablo Bolívar Santos
Miembro de Minerva Institute
BIBLIOGRAFÍA
Balas de papel: anecdotario de propaganda subversiva en la guerra civil española. José Manuel Grandela (2002).
Propaganda, cómo manipular la opinión en democracia. Edward L. Bernays (1926).
Falsedad en tiempos de Guerra. Mentiras propagandísticas de la primera Guerra mundial. Arthur Augustus William Harry Ponsonby (1928).
https://es.rbth.com/cultura/80353-como-la-propaganda-sovietica-trato-de-conseguir-que-las-tropas-alemanas-se-rindiesen. Borís Yegórov (2018).
United States Air Force Information Warfare Strategy
Review 2, no. 2 (2023), https://www.airuniversity.af.edu/
Propaganda Technique in World War. Harold D. Lasswell. 1927.
https://www.bbc.com/culture/article/20161021-the-psychological-tricks-used-to-help-win-world-war-two

