Resumen
El temor a que China lleve a cabo una invasión inminente de Taiwán ha ido creciendo en los últimos años. En diciembre de 2025, China llevó a cabo maniobras militares -“Misión Justicia 2025”- alrededor de Taiwán, simulando un ejercicio de bloqueo, cerco y control de los espacios marítimo y aéreo de Taiwán, evidenciando la capacidad china de imponer su soberanía en el Estrecho y aislar a Taiwán sin realizar una invasión directa. Xi Jinping declaró la necesidad de que el Ejército de Liberación Popular -EPL- debe alcanzar la modernización en 2027.
China ha incrementado su presión militar sobre Taiwán mediante ejercicios navales, sobrevuelos de cazas y simulaciones de bloqueo marítimo. Ha aumento y modernizado el EPL. Y lleva a cabo operaciones híbridas en la “zona gris” para socavar la resistencia taiwanesa. Pero la invasión no es la primera opción, frente a un bloqueo marítimo y económico para presionar a Taiwán sin asumir el costo militar y político de una guerra.
Palabras clave
China, EEUU, Invasión, Taiwán, Unificación.
CHINA’S INVASION OF TAIWAN
Reasons that rule out a possible Chinese invasion of Taiwan
Abstract
The fear that China might carry out an imminent invasion of Taiwan has been growing in recent years. In December 2025, China conducted military maneuvers—“Mission Justice 2025”—around Taiwan, simulating a blockade exercise, surrounding and controlling Taiwan’s maritime and air spaces, showing China’s ability to impose its sovereignty over the Strait and isolate Taiwan without carrying out a direct invasion. Xi Jinping stated the need for the People’s Liberation Army—PLA—to achieve modernization by 2027.
China has increased its military pressure on Taiwan through naval exercises, fighter jet overflights, and simulations of a maritime blockade. It has expanded and modernized the PLA. And it carries out hybrid operations in the ‘grey zone’ to undermine Taiwanese resistance. But invasion is not the first option, compared to a maritime and economic blockade to pressure Taiwan without bearing the military and political cost of a war.
Key words
China, Invasion, Taiwan, unification, USA,
Para citar este artículo (APA 7ª edición):
Jurado Gallardo, M.(2/11/2026). Invasión de China a Taiwán.Motivos que descartan una posible invasión china a Taiwán. Minerva Institute. Documento de información NN/aaa. Enlace web y RRSS. Consultado dd/mm/aaaa |
Introducción
Desde la llegada de Xi Jinping al poder en China en 2012, en el discurso oficial tiene un gran peso la reunificación nacional como componente central del sueño chino y del proyecto de gran rejuvenecimiento de la nación china, que se prevé para 2049 -centenario de la República Popular China. En 2017, durante el XIX Congreso del Partido Comunista de China -PCCh-, Xi Jinping afirmó que la cuestión de Taiwán “no puede transmitirse de generación en generación”, reforzando una aparente urgencia estratégica.
La modernización del EPL desde la llegada de Xi Jinping se ha acelerado, con un presupuesto oficial en 2026 de 277.000 millones de dólares -1,5% del PIB-, siendo el segundo país del mundo que más gasta en defensa. Este gasto y modernización abarca desde ojivas nucleares, aviones, drones, buques, portaaviones, etcétera.
China lleva a cabo maniobras militares cercanas al Estrecho de Taiwán, intensificadas desde que en 2016 llegó al poder en Taiwán el Partido Progresista Democrático -PDP. Estas maniobras buscan simular un bloqueo y cerco del espacio marítimo y aéreo de Taiwán para controlar el Estrecho y aislar a Taiwán.
También está realizando maniobras militares en los desiertos de Taklamakán y Gobi, utilizando maquetas de las flotas de EEUU y Taiwán para probar su artillería ante un posible conflicto armado. Además, China ha recreado el palacio presidencial taiwanés y otras infraestructuras clave.
Han aumentado las incursiones aéreas en la Zona de Identificación de Defensa Aérea -ADIZ- y las incursiones navales -incluyendo barcos pesqueros y buques mercantes fuera de sus zonas habituales y que han llegado a cortar cables de fibra óptica. Se estima que entre 2020 y 2025 las incursiones de la Guardia Costera de China cerca de Taiwán aumentaron más del 500%.
Las maniobras militares, incursiones aéreas y navales, ciberataques y desinformación chinas frente a Taiwán se enmarcan en la “zona gris”, las cuales implican el uso de instrumentos de poder coercitivos y/o subversivos para alcanzar objetivos políticos y de seguridad excediendo las normas internacionales, pero por debajo del umbral del conflicto armado.
Motivos para no llevar a cabo una invasión
Teniendo en cuenta la capacidad militar china, muy superior a la taiwanesa, y sus ejercicios militares, la pregunta es si China es capaz de llevar a cabo una invasión directa de Taiwán, y qué motivos la impedirían.
Primero debe tenerse en cuenta el propio escenario en el que se desarrollaría la invasión. Se trata de un Estrecho de 130 kilómetros de longitud con condiciones climatológicas adversas. La principal isla de Taiwán cuenta con una orografía que no facilita dicha invasión, siendo la mayor parte una cadena montañosa. El resto está formado por núcleos de población densamente poblados, los cuales cuentan con población e infraestructuras críticas que China no quiere ni debe dañar. Además, Taiwán cuenta con muy pocas playas para realizar desembarcos.
China se encontraría ante un operativo muy complejo en el cual debe mantener una superioridad aérea y marítima frente al sistema defensivo taiwanés – estrategia “puercoespín”- y un posible ataque de las fuerzas norteamericanas y sus aliados -principalmente Japón.
El teatro de operaciones del Estrecho de Taiwán incluye, así, una combinación simultánea de las dimensiones navales, aéreas, cibernéticas y espaciales. A ello se une cómo Taiwán está reaccionando ante la superioridad militar china y una posible invasión. En su “estrategia puercoespín”, Taiwán renuncia a intentar vencer a campo abierto e intenta convertir la isla en un objetivo tan costoso de conquistar que desactive los intentos de hacerlo. Una estrategia que no busca la derrota de China, sino disuadirla de atacar y, en caso de hacerlo, resistir hasta que ser ayudada por sus aliados.
Se establecen tres capas de defensa que buscan resistir al enemigo en la orilla opuesta, atacarlo en el mar, destruirlo en la zona litoral y aniquilarlo en la playa. La primera capa es la inteligencia y reconocimiento mediante sistemas de alerta temprana y con defensas móviles y aéreas. La segunda capa supone un despliegue de fuerzas navales que llevarían a cabo una guerra de guerrillas en el mar, apoyadas por aviones de combate. La tercera capa es la propia geografía del país y su población, así como armas móviles y versátiles.
Taiwán ha ido incrementando su presupuesto en Defensa. El Gobierno proyectó en 2026 un presupuesto de unos 30.000 millones de dólares (2,4% del PIB), a lo cual se sumaría un presupuesto especial de 40.000 millones destinado a reforzar la capacidad de combate asimétrico. Pero este presupuesto se vio reducido debido al bloqueo parlamentario de los partidos de la oposición -el PPT y e KMT.
En segundo lugar, la invasión no debe tenerse en cuenta únicamente en términos de capacidades militares, sino de un cálculo político interno. La estabilidad interna es clave para mantener la legitimidad del PCCh y de Xi Jinping. En la XX Cumbre del PCCh de 2022, Xi Jinping logró superar el límite constitucional de dos mandatos, iniciando su tercer mandato al frente de China. Esta consolidación vino acompañada de más purgas en el PCCh y el EPL. Pero la centralización del poder implica un elevado coste político en caso de que fracasase una invasión directa de Taiwán.
Actualmente la economía china está tensionada por la crisis inmobiliaria; la reducción del crecimiento del PIB -en torno al 5% anual-; disminución y envejecimiento poblacional; tensiones en las cadenas de suministro; desacoplamiento tecnológico. Esta situación económica podría verse agravada en caso de que EEUU y sus aliados establezcan a China un régimen de sanciones económicas similar -o superior- al que se le aplicó a Rusia a partir de 2022 tras la invasión a Ucrania.
Debe tenerse en cuenta también las consecuencias económicas -para China y Taiwán, pero también a nivel regional y mundial- que supondría una invasión y el cierre del Estrecho de Taiwán, estimándose unas pérdidas económicas mundiales de 10 billones de dólares. Taiwán es el líder en la fabricación de semiconductores, afectando a sectores como la inteligencia artificial, automóviles, sector militar. El colapso económico de Taiwán durante y después de una invasión afectaría negativamente a la economía mundial.
El contrato social entre el PCCh y la población china descansa en la prosperidad y la estabilidad. Una guerra prolongada o económicamente costosa alteraría este contrato social, pudiendo generar tensiones sociales, fracturas dentro de la élite político-militar, y el cuestionamiento del PCCh y del propio Xi Jinping.
En segundo lugar, la experiencia de Rusia en Ucrania es fundamental para China a la hora de plantear una posible invasión de Taiwán. Como aspectos positivos encontramos la actuación rusa en Crimea en 2014, donde tuvo bastante éxito a la hora de controlar parte del territorio ucraniano.
De 2022 la principal enseñanza es que una intervención que iba a ser rápida gracias a la gran superioridad militar rusa se ha transformado en un conflicto que dura ya 4 años -gracias a la voluntad de resistencia ucraniano, y al apoyo de sus aliados. En caso de que China invadiese militarmente Taiwán, es muy probable que encuentre la resistencia del pueblo taiwanés, y que sea apoyada por EEUU y sus aliados.
China también tiene presente el cambio del orden internacional que se está produciendo, pasándose de un mundo basado en normas globalmente aceptadas -soberanía de los Estados, integridad territorial o prohibición del uso de la fuerza salvo en casos concretos y autorizados – a un mundo en el que se normalizan los hechos consumados que ordenan la geopolítica.
Ejemplos de ello son la guerra en Ucrania, la captura de Maduro en Venezuela, o la guerra en Irán. Para China, si la comunidad internacional acepta estos hechos consumados, también debería aceptar la unificación con Taiwán por cualquier vía -incluida la invasión militar.
Por otro lado, China no puede perder de vista la reacción de EEUU en caso de conflicto. La participación de EEUU es casi segura en caso de guerra e invasión militar de Taiwán. Algo con lo que también cuenta Taiwán. EEUU se juega mucho en un Estrecho que es una de las rutas más transitadas. En caso de invasión, se podría interrumpir esta ruta, afectando gravemente a la economía mundial. Afectaría también a la región, incluyendo el Mar de China Meridional y el Mar del Sur de China, rutas también muy transitadas donde EEUU y China -junto al resto del mundo- se juegan buena parte de su comercio y economía.
En este punto es donde entra en escena la política de “ambigüedad estratégica” norteamericana -originaria de los años 70, tras reconocer a la República Popular China y declarar la Ley de Taiwán. Según la Ley de Relaciones con Taiwán –Taiwan Relations Act-, EEUU se compromete a ayudar a la isla a mantener su capacidad de autodefensa, pero no implicaría como tal que intervenga militarmente.
Esta ambigüedad ha ayudado a mantener el statu quo en el Estrecho, ya que Taiwán no tiene seguridad total de que EEUU intervenga ante un conflicto armado si es provocado por Taiwán -vía declaración unilateral de su independencia-, pero China tampoco está segura de que EEUU vaya a intervenir militarmente en caso de invasión. Teniendo en cuenta el carácter nuclear de EEUU y China -que sigue aumentando su arsenal de ojivas nucleares-, estamos, como ocurrió durante la Guerra Fría, ante una nueva Destrucción Masiva Asegurada en caso de conflicto.
Siguiendo con EEUU, el factor Trump también tiene actualmente su peso en la estrategia de China. En 2026 se aprecia una relajación relativa en las relaciones entre EEUU y China. En mayo viajó Trump a China, y en septiembre hizo lo propio Xi Jinping a Washington. Estas reuniones no han generado grandes avances en las relaciones entre los dos países, pero sí se han mostrado como un acercamiento entre los dos mandatarios para rebajar la tensión. EEUU está inmersa en la guerra de Irán, y en 2027 Xi Jinping intentará mantenerse en el poder durante el XXI Congreso del PCCh.
Además, la segunda administración Trump destaca también por la errática política del presidente norteamericano, con constantes ataques a sus aliados asiáticos y su falta de compromiso con la defensa de Taiwán, lo cual alimenta la ambición china respecto a la isla. EEUU ha congelado el paquete de ayuda militar, valorado en 14.000 millones de dólares, destinado a Taiwán. Además, Trump ya ha declarado que no está interesado en movilizar militarmente a su ejército hasta Taiwán. El escepticismo respecto a la posible ayuda de EEUU en caso de conflicto ha crecido dentro de la población taiwanesa, ayudando a China en su estrategia de desgaste psicológico y moral de la población taiwanesa.
Otro motivo a tener en cuenta es cómo China gestionaría Taiwán en caso de que se lograse la unificación. La inmensa mayoría de la población taiwanesa prefiere que se mantenga el statu quo, y un porcentaje muy bajo defiende la unificación. Aunque hay taiwaneses que defienden su independencia, prefieren el mantenimiento del statu quo ante las posibles consecuencias que tendrían una declaración de independencia.
Debe tenerse en cuenta también la cultura y el sentimiento de identificación de los taiwaneses. Un porcentaje cada vez más pequeño de la población se identifica como chino, frente a una gran mayoría que se siente taiwanesa. Las características culturales, políticas y sociales de Taiwán -pluralismo político; democracia; elecciones; derechos y libertades individuales, políticas y sociales; activismo de la sociedad civil, etc- son incompatibles con el modelo de gobierno chino del PCCh.
La unificación convertiría a Taiwán en una zona de gobierno de alto riesgo, con increíbles desafíos para la gobernabilidad central por parte del PCCh. El debate en China sobre la gobernanza tras la unificación no es si China tiene el derecho legal de actuar -según China lo tiene, amparándose en su Constitución, la Ley de Antisecesión de 2005, o la Ley de Seguridad Nacional de 2015-, sino cómo ejercer esa autoridad.
La unificación sería el inicio de una fase larga de supervisión centrado en construir un marco duradero, institucionalizado y antisecesión. Pero la identidad es un elemento clave del problema taiwanés. La gobernanza tras la unificación no es sólo una tarea administrativa o de seguridad, sino también un proyecto a largo plazo de ingeniería de la identidad e integración psicológica. Para ello, la reeducación o la integración económica serán fundamentales.
Desde China se es consciente de todas las contradicciones que implicará la unificación y la gobernanza posterior, entre las cuales estarían:
- La autonomía. Desde China se reconoce la singularidad política, social y económica de Taiwán, lo cual requeriría una gobernanza diferenciada. La autonomía es una concesión necesaria, pero no puede limitar a la autoridad central del PCCh. Se trataría de una autonomía delegada, condicional y revocable. El poder central mantendría la capacidad de intervenir siempre que se considere en riesgo la seguridad nacional o la estabilidad político. Pero esta autonomía limitada genera tensión en el contexto taiwanés al no generar confianza entre su población.
- Relación entre estabilidad y legitimidad. Para China, la estabilidad es un requisito previo para la gobernanza. Pero la estabilidad lograda mediante la coacción no equivale a legitimidad, especialmente si se tiene en cuenta el contexto político, cultural y social de Taiwán, y si la unificación ha sido fruto de una invasión militar.
- La fatiga de la gobernanza que generaría a largo plazo la carga administrativa, fiscal, política y de seguridad de un gobierno central que choca con las tradiciones culturales, sociales y políticas taiwanesas.
Conclusiones
Los principales motivos por los que China se abstiene de acometer una invasión son:
- La dificultad y complejidad de una operación militar;
- Los contratiempos que ha habido en la modernización del EPL;
- A nivel interno, un cálculo político y racional de gestión del riesgo de una invasión;
- La posible participación norteamericana y de sus aliados.
- Cómo gestionaría China la isla en caso de unificación.
- El ejemplo de las guerras en Ucrania e Irán.
El riesgo de invasión y guerra abierta existe, pero la tendencia es hacia escenarios que incluyen un incremento gradual de la tensión por debajo del umbral del conflicto abierto -quedándose en la zona gris o híbrida-, a través de:
- Bloqueos parciales, pudiendo ser de la isla principal, o de alguna de las islas periféricas;
- Presión militar constante;
- Coerción económica;
- Guerra cognitiva, a través del ciberespacio y la desinformación. Taiwán es el lugar del mundo que más ciberataques recibió en 2025;
- Aislamiento diplomático.
Una campaña larga que desgasta a Taiwán -y a sus aliados- desde un punto de vista psicológico, moral, económico y político, y que busca normalizar la coerción, las incursiones y la presión chinas. No está claro que un bloqueo sea suficiente para forzar la unificación con Taiwán. Si Taiwán no cuenta con ayuda exterior, su resistencia ante el bloqueo se reduciría, pero ello no implicaría que la unificación se llevara a cabo o que fuese efectiva.
La unificación es un objetivo declarado de China, pero no es urgente. 2049 es su horizonte estratégico para el rejuvenecimiento nacional, una amplia ventana temporal que reduce la presión de tomar una decisión inmediata y acelerada, asumiendo los riesgos de un conflicto directo.
El escenario de Taiwán invita a China a continuar con su doctrina de “las tres guerras” -mediática, psicológica y legal-, unido a las enseñanzas de Tsun Tzu –ganar la batalla sin librarla.
Miguel Jurado Gallardo
Analista de Minerva Institute
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