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Monitorizando esta semana: Evolución estratégica en el Sahel y desinformación en Europa

La ordalía del fin de la guerra en Ucrania: Colisión de intereses y voluntarismo en la cuestión de la ayuda militar a Kíev

Resumen

El final de la guerra en Ucrania no parece tan cercano como alardeó el presidente Trump durante su reciente campaña electoral. El discurso político de los actores occidentales no corre paralelo a las realidades de la geopolítica ni del campo de batalla. Mientras los anteriores priorizan sus intereses comerciales, valores morales, el estado del bienestar y una paz que aún se les escapa, las partes en conflicto siguen combatiendo en una guerra que ambas consideran necesaria. Para Kíev, la lucha es existencial; para Occidente, las motivaciones del Kremlin tienen un marcado carácter Neo-imperialista, aunque Moscú lo niegue rotundamente. Como en cualquier guerra cuando se vislumbra su posible desenlace, el ritmo del conflicto en Ucrania ha repuntado, mientras los contendientes intentan fortalecer sus posiciones de cara a una eventual negociación. Moscú se siente seguro de contar con la mano ganadora, mientras que Kíev se debate entre los intereses geopolíticos de Washington, para quien solo es moneda de cambio, y el voluntarismo de una Unión Europea que sigue extendiendo cheques que quizá no pueda paga.

Palabras clave

Ayuda  militar, Guerra, intereses, negociación, voluntarismo.

Abstract.

The end of the war in Ukraine does not seem as close as President Trump boasted during his recent election campaign. The political discourse of Western actors does not parallel the realities of geopolitics or the battlefield. While the former prioritizes their commercial interests, moral values, the welfare state, and a peace that still eludes them, the parties in conflict continue to fight in a war that both consider necessary. For Kiev, the struggle is existential; for the West, the Kremlin’s motivations have a marked neo-imperialist character, although Moscow flatly denies it. As in any war when its possible outcome looms, the pace of the conflict in Ukraine has picked up, as the contenders try to strengthen their positions for a possible negotiation. Moscow feels confident that it has the winning hand, while Kiev is torn between the geopolitical interests of Washington, for whom it is merely a bargaining chip, and the voluntarism of a European Union that continues to write checks it may not be able to pay.

Keywords

Military aid, War, interests, negotiation, voluntarism.

Introducción.

El Diálogo de Melos es uno de los pasajes más conocidos de la Historia de las Guerras del Peloponeso, la obra magna de Tucídides, el historiador ateniense del siglo V a. C. Pese a que probablemente el fragmento no reproduzca literalmente el episodio y que fuese escrito después del 404 a. C. (año de la derrota de Atenas frente a Esparta), su valor como teoría del comportamiento del poderoso frente al débil no ha perdido su utilidad en teoría de Relaciones Internacionales.

No obstante, el análisis del episodio es más complejo de lo que sugiere la conocida frase de uno de los generales atenienses ante la oligarquía de Melos: “el fuerte puede imponerse, y al débil solo le queda ceder”. La inteligente elaboración del discurso por parte de Tucídides y su ubicación en la Historia de las Guerras del Peloponeso son relevantes.

En primer lugar, la frase anterior no implica un carácter normativo sino fáctico; lo que el autor subraya en un pasaje magistral del capítulo 105 en el que los atenienses expresan el primer axioma de la concepción del poder imperial por Atenas. Aquellos, por tanto, no defienden que el fuerte tenga derecho a imponerse al débil, sino que esto es lo que siempre ocurre indefectiblemente.

En segundo lugar, la ubicación del episodio en los capítulos 84 al 116 al final del Libro V es significativa. Precede al relato de la desastrosa expedición ateniense a Sicilia en los Libros VI y VII que, a la postre, condujo a la derrota de Atenas. Este detalle ha sugerido a los historiadores una posible relación entre la soberbia de un imperio fuerte y su destrucción pocos años después.

El pasado 28 de febrero los presidentes Donal Trump y Volodomir Zelenskyy se reunieron el Salón Oval de la Casa Blanca para, en principio, suscribir un acuerdo que, si bien sería manifiestamente desfavorable para Kíev, podía abrir el camino hacia una paz negociada de la guerra con Rusia. El desarrollo de dicha reunión y su tenso final, difundido prácticamente en tiempo real a todos los rincones del Planeta, evocan demasiado fielmente el fragmento de Tucídides.

La reunión del 28 de febrero en la Casa Blanca y sus secuelas

La reunión del 28 de febrero en el Salón Oval emuló el pasaje de Tucídides, donde Donald Trump y su vicepresidente Vance representaron a la perfección los papeles de los generales Cleomedes y Tisias. Las diferencias con el pasaje de Tucídides aparentemente solo son formales, en las que un inteligente, aunque despiadado diálogo, se sustituye por los modos de una pelea callejera.

Desde el primer momento, el lenguaje corporal del presidente Zelenskyy traicionaba su visible incomodidad, pese a lo que aguantó el tipo incluso ante alguna observación impertinente de la prensa sobre su indumentaria. Sin embargo, hacia el minuto 42:50 el VP Vance acusa al presidente ucraniano de irrespetuoso y de ser el causante de la destrucción de su propio país. Finalmente, Trump, tras acusar a su vez al ucraniano de jugar con la III GM y según sus propias palabras, da por finalizado el espectáculo para la prensa.

Reunión Trump- Vance – Zelenskyy en el Salón Oval. 28 febrero 2025. Fuente: Mystyslav Chernov

Posteriormente el presidente ucraniano declaró ante los medios que el final de la Guerra con Rusia no estaba próximo, aunque seguía confiando en la continuidad de la relación con EE UU, pese a las recientes desavenencias. Sin embargo, como declaró el Canciller alemán Friedrich Mertz, es razonable pensar que la escalada de la reunión estaba planeada.

De aquel espectáculo, impropio de los usos de la diplomacia, se puede decidir que, efectivamente, el fin de la guerra posiblemente se hará esperar. Que Europa ha perdido su capacidad de influir en la Política Exterior de Washington en su propio territorio, y que tanto su impredecibilidad como sus técnicas para distorsionar la realidad no favorecen una resolución justa de la guerra.

Las ayudas a Ucrania

La recuperación de las cuantiosas cantidades que el gobierno americano ha entregado a Ucrania en calidad de ayudas de guerra es un argumento que el presidente Trump esgrime como un arma arrojadiza. En cifras redondas, Occidente ha aportado cerca de $380 000M al esfuerzo de guerra a Ucrania desde que comenzó la Guerra, de los que $120000M corresponden a la ayuda militar directa.

De la aprobación de nuevas ayudas por el Congreso estadounidense puede depender el resultado de la guerra, ya que, como principal país donante, hasta enero de 2024 Washington ha aportado alrededor del 40% del total de las ayudas de guerra. Las cifras pueden ser interpretables puesto que algunas partidas incluyen las reposiciones de stocks de armas y municiones, tanto en Estados Unidos como en países aliados.

La UE por su parte, hasta la primavera del año pasado, ha comprometido cerca de $50000M de ayuda a Kíev; con Alemania, Países Bajos y Dinamarca a la cabeza de la lista de donantes. A los anteriores hay que añadir los $10000M proporcionados por el Reino Unido. Todos ellos en ayuda militar directa. Además de entrenamiento a las tropas y otros tipos de apoyos proporcionados por los Estados Miembros, entre ellos España, Polonia destaca en la entrega de material pesado. Hasta principios el año pasado, este país había entregado 324 carros de combate de su propio inventario. 

Artilleros ucranianos con una pieza ATP César de 155 mm.
Fuente: GENYA SAVILOV/AFP vía Getty Images

Una de las primeras declaraciones de la actual Administración de la Casa Blanca fue la declaración del Departamento de Defensa de que la ayuda militar a Ucrania ascendía a $65900M, además del listado de armas y tecnología enviados a Kíev.

Mientras, la UE ha manifestado su voluntad de seguir ayudando a Ucrania tras haber entregado desde el inicio de la guerra €48700M en ayuda militar directa. A ello habría que añadir, entre otros conceptos, el adestramiento a cerca de 75000 soldados ucranianos.

En un cómputo total de ayuda militar y civil, entre 2022 y diciembre de 2024 la UE ha aportado €132 000M frente a los €114 00M de EE UU. A estas cifras habría que sumar €12 600M aportados por el Reino Unido, €2630M de Canadá y €810M por Australia. Sin embargo, Washington encabeza el suministro de sistemas de armas de alta tecnología, municiones de artillería y misiles y, sobre todo, productos de inteligencia y asistencia en C2 (mando y Control).

Los datos que proporciona el Instituto Kiel la Economía Mundial indican que, si durante los primeros meses de la guerra el 90% del material entregado a Kíev procedía de los arsenales nacionales, a partir de 2023 era nuevo de fábrica. Lo que implica un esfuerzo considerable para la industria de Defensa europea que, si EE UU decide

inhibir su ayuda a Kíev, deberá ser capaz de exhibir un músculo industrial que, a día de hoy, si no imposible, resulta cuestionable que pueda desarrollarlo en tiempo útil. Es decir, de que pueda influir en el resultado de la guerra.

Por el contrario, desde otra perspectiva quizás más realista, la mala noticia es que la UE ya está suministrando todo lo que su arquitectura financiera e industrial puede soportar. Además, pese a los incesantes toques de corneta de la Comisión llamando a la unidad; lo cierto es que una eventual retirada del esfuerzo estadounidense podría desincentivar a algunos Estados Miembros, poniendo de manifiesto una vez más la actual irrelevancia geopolítica a la que está abocada Europa.

Adicionalmente, algunos Estados como España, son motivo de preocupación para la Unión. Debido a las presiones de su política interna sobre los asuntos internacionales y a la desinversión estructural en su industria de Defensa; representan una vulnerabilidad ante la unidad que reclama Bruselas frente a desafíos como el que significa afrontar las responsabilidades de la Defensa Europea sin el paraguas estadounidense.

En todo caso, por un aparte los paquetes de ayuda estadounidense se reparten básicamente en tres grandes áreas de partidas presupuestarias[1]. Por otra, la operativa de su sistema de entrega es compleja y aún hay mucho equipo en tránsito cuyo movimiento no puede detenerse. Tal circunstancia segura que el flujo no se cortará súbitamente ya que la media de tiempo de entrega de un pedido es de ocho meses.

[1] La Autoridad Presidencial de Reducción de Recurso (PDA), la Iniciativa de Asistencia para la Seguridad de Ucrania (USAI) y la Financiación Militar Extranjera.

Pero en cualquier caso las perspectivas para Kíev no son halagüeñas. En el mejor de los casos, la continuidad de la ayuda estadounidense y el refuerzo de las capacidades de la industria de Defensa europea le permitirían sostener su actual Defensa sin ceder territorio adicional al invasor y comprar tiempo de cara a una negociación en condiciones favorables.

Fuente: STATISTA

En el peor, si Washington suspende definitivamente su apoyo, los ucranianos dependerían de la ayuda europea y otros donantes. Sus capacidades en el campo de batalla se degradarían rápidamente y, en algún momento, sus líneas cederían ante la presión rusa, se enfrentarían a una rendición incondicional y a la más que posible imposibilidad de sobrevivir como Estado soberano.

Conclusiones

A diferencia de lo sucedido con Atenas pocos años después del episodio de la Isla de Melos, no parece que el poder de Estados Unidos esté próximo al derrumbe. Sin embargo, la estrategia diseñada por la Administración Trump para solventar con rapidez el molesto asunto ucraniano puede que no funcione ni tan rápido ni como se esperaba. La bochornosa escenificación del pasado 28 de febrero tuvo un importante efecto mediático inmediato, como así se esperaba que fuese. De hecho, posteriormente, incluso el presidente Zelensky se vio obligado a mostrar pleitesía pública al poder personificado en Donald Trump.

Pero lo cierto es que ni siquiera Washington puede controlar la voluntad de los ucranianos si deciden luchar por su país y, mucho menos, imponer sus condiciones al Kremlin y esperar que coopere dócilmente. Eso no va a ocurrir. Moscú se ceñirá a su hoja de ruta y maximizará la ventana de oportunidad que le ofrece la desconcertante postura estadounidense, que muestra sus cartas de salida.

En cualquier caso, Ucrania se enfrenta a un complicado dilema si la Administración estadounidense decide suspender o rebajar sustancialmente la cantidad y calidad de su ayuda militar. En ese caso, las contundentes declaraciones de la Comisión de la UE de mantener el apoyo militar a Kíev no se corresponden con las realidades dispares de las políticas domésticas de los EM,s y el estado de su Industria de Defensa. Esta, después de décadas de desatención por parte de la mayoría de los gobiernos europeos, no se encuentra en condiciones de alimentar la voracidad de una guerra convencional moderna que consume recursos materiales y humanos en cantidades industriales. Al menos no en el corto plazo.

Francisco Javier Quiñones

Secretario Minerva Institute

BIBLIOGRAFÍA.

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