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FUERZAS ARMADAS Y SOCIEDAD La ética profesional militar (según Huntington)

Resumen

Los conceptos Fuerzas Armadas (FAS) y sociedad conforman un campo de estudio multidisciplinar que se nutre con las aportaciones de diversas disciplinas, entre otras: la Ciencia Política, las Relaciones Internacionales, la Sociología y la Historia. El militar profesional es una figura fundamental en la estructura estatal de las democracias
avanzadas, en las que la profesión ha desarrollado un peculiar ethos profesional coherente con los rasgos de la función militar. Este trabajo examina la cuestión de la ética profesional militar según las tesis de Samuel Huntington, para el que el único criterio válido de análisis es el funcional sobre otros normativos o ideológicos. El resultado, según Huntington, es una ética profesional realista y conservadora.
 

Palabras clave

Ética profesional militar, Estado, guerra, profesión militar, sociedad,
 

Abstract.

 
The concepts of the Armed Forces and Society perform a multidisciplinary field of study that draws on contributions from diverse disciplines, including political science, international relations, sociology, and history. The professional soldier has established himself as a key figure in the state structure of advanced democracies. The professional soldier is a fundamental figure in the state structure of advanced democracies, in which the profession has developed a peculiar professional ethos consistent with the characteristics of the military function. This paper examines the question of military professional ethics according to the thesis of Samuel Huntington, for whom the only valid criterion of analysis is functional, over normative or ideological ones. The result, according to Huntington, is a realist and conservative professional ethic.
 

Keywords

Military professional ethics, State, war, military profession, society.

Introducción.

El Hombre es el ser más complejo de la naturaleza y por esa razón la historia de la Humanidad es también la de la construcción de complejas estructuras sociales. Y también del conflicto, que como fiel reflejo de la policromía que caracteriza la naturaleza humana se haya firmemente arraigado en ella. Por definición, el conflicto implica una colisión de intereses entre dos grupos humanos que no necesariamente conduce a la hostilidad y al enfrentamiento, sino que puede representar una ventana de oportunidad para el acuerdo.

Sin embargo, cuando los intereses en conflicto son incompatibles queda expedito el recurso a la violencia como medio de resolución de disputas, cuya máxima expresión es el conflicto armado. A su vez, la magnitud de este pude crecer hasta la categoría de guerra, que desde el punto de vista sociológico se puede definir como:

“La violencia armada organizada entre dos o más grupos humanos entre los que la colisión de intereses ha superado el punto de no retorno para el acuerdo” (definición del autor) .

El Estado y la profesión militar.

La figura del militar profesional se empieza a consolidar en las sociedades democráticas avanzadas después de la Segunda Guerra Mundial (II GM) y desde entonces ha evolucionado de forma paralela a la profesionalización de la política. De esa forma, el líder militar se ubica en la cúspide de un formidable instrumento de poder que forma parte intrínseca de la estructura del Estado y, por consiguiente, debe ser asimilado y controlado por el poder político, legal y democráticamente constituido.

Las peculiaridades del instrumento militar se desprenden de la propia naturaleza de su función, por lo que muchos de sus rasgos son privativos del ámbito castrense y no encuentran su imagen especular en la esfera civil. Por esa razón el lenguaje coloquial ha incorporado el concepto de “vida militar”, pero no el de vida médica o jurídica, por ejemplo. Por otra parte, no es por casualidad que sí encuentre un visible paralelismo en el concepto “vida política”.

En este contexto se enmarca el concepto FAS y sociedad como campo amplio de estudio que, como tal, abarca desde la organización interna de las FAS, las cuestiones sobre eficacia y eficiencia en la gestión de los recursos y sus estructuras administrativas, hasta las relaciones entre el ámbito civil y el militar (RCM) y la cuestión trascendental del control civil (democrático) del poder militar.

Por último, pero no por ello menos importante, también entiende del empleo de la fuerza en los dominios del sistema internacional y el estudio de toda la tipología del conflicto armado. Por ello, se relaciona íntimamente con otros ámbitos de conocimiento como la doctrina o la cultura estratégica.

La literatura sobre FAS y sociedad es por tanto amplísima, lo que ha supuesto que diversos autores abordasen su categorización. En 1984 Harries-Jenkins y Moskos propusieron una selección restrictiva a solo tres ámbitos de estudio: el militar profesional y la organización militar; las relaciones civiles-militares (RCM), en la teoría y la praxis; y la guerra y el conflicto armado.

En fecha tan temprana como 1957, Samuel Huntington abordó la cuestión del ethos del militar profesional en su conocida obra El soldado y el Estado. Pese a que una parte del texto de Huntington haya podido quedar desactualizado, la cuestión de la ética del militar profesional trasciende el tiempo.

La política dirige lo militar.

La idea base del pensamiento militar profesional en Occidente se resume en la noción de que lo militar se subordina al objetivo de la política. El lector reconocerá sin duda en ella el axioma clausewitziano que supedita sin excepción el uso de la fuerza a los objetivos del Estado. Como es ampliamente conocido, el filósofo prusiano de la guerra escribió: “La Guerra es la consecución de los fines de la política por otros medios” 2 . Lo militar es, pues, instrumental. 

Sin embargo, Clausewitz no propugna una subordinación ciega e incondicional, sino que advierte que la política, a cambio, no debe exigir al instrumento militar aquello que está fuera de sus capacidades y de su ámbito de responsabilidad.

Es en este momento donde entra en juego la estrategia, que en su más alto nivel político exige un análisis crítico de la adecuación de los fines u objetivos de la política con los medios asignados a su consecución, así como del modo en el que se van a emplear aquellos. Este punto es el centro neurálgico de la mentalidad del militar profesional, cuya principal preocupación, casi se podría asegurar que la única, es la seguridad (militar) del Estado. Por tanto, enfrentado a esa grave responsabilidad, la bondad o deseabilidad del fin político queda fuera del ejercicio de su función.

La ética del militar profesional vista por Huntington

Samuel P. Huntington sistematizó esta tensión en su obra clásica The Soldier and the State (1957), donde desarrolla la noción de “control civil objetivo”, del que se hablará en otro momento. Según Huntington, la profesionalización del militar 3 y la autonomía que se le concede en su ámbito de competencia y especializada técnica son las garantías más sólidas de la subordinación efectiva de lo militar al poder civil.

El militar profesional, en esta concepción, se define por su pericia técnica, su responsabilidad con la profesión y el Estado; y su vocación. Su ethos es el de un especialista en la gestión del uso legítimo de la violencia, en nombre del Estado, lo que implica una ética orientado a lo funcional que no debe contaminarse con ideologías políticas ni pasiones personales. No debe serlo porque le incapacitaría para ejercer su función con eficacia, lo que pondría en riesgo la seguridad, y posiblemente, la supervivencia del Estado.

La ética militar, según Huntington, es inherentemente conservadora. No lo es por tendencias políticas personales, sino porque la organización militar se distingue por su naturaleza institucional. Sus fundamentos organizativos se basan pues en: la disciplina; la jerarquía que se materializa en la cadena de mando; la obediencia y el mantenimiento de las tradiciones.

En cuanto a cómo enfrenta el ejercicio de su función, el militar profesional se muestra escéptico ante el idealismo político o la visión voluntarista del mundo y, especialmente, prefiere la prudencia a la audacia ante iniciativas estratégicas de final incierto. Pero no es ni mucho menos un pacifista en su acepción moral. Y no lo es porque eso sería incompatible con el desempeño de la función que le ha encomendado el Estado.

Sí es, sin embargo, sí es lo que Huntington denomina un pacifista estratégico. Reconoce que la guerra es la expresión extrema de la política, pero precisamente por esa razón piensa que debería ser el último recurso.

No obstante, esa prudencia estratégica obedece exclusivamente a criterios funcionales. El militar conoce los costes que conlleva la guerra en términos humanos, materiales e institucionales; por lo que su dispendio puede acarrear graves peligros para el Estado si queda privado de la seguridad que le proporciona el instrumento militar.

Esta prudencia estratégica, que Huntington denomina pesimismo operativo, toma forma en la mentalidad del militar profesional en una constante necesidad de acumular medios, pero también de una constante preocupación sobre su suficiencia. Se produce así una peligrosa tendencia en la mentalidad del militar profesional a la suplantación de la función manifiesta por la función latente. Se prepara para la guerra, pero nunca se considera del todo preparado.

Esta serie de rasgos conducen a Huntington a definir la ética del militar profesional como realista y conservadora.

2 Fíjese que suele encontrarse la traducción de la célebre frase como: “La guerra es la
continuación de la política por otros medios”. Aunque mantiene su pleno sentido,
desprecia matices importantes.
3 Huntington se refiere en todo momento al cuerpo de oficiales, ya que es éste quien
imprime los rasgos que caracterizarán a toda la institución, que acabará
identificándose con su ethos corporativo. Es el líder militar en el más alto nivel, el
comandante en jefe que figura en el texto de Clausewitz, quien asiste a las reuniones
del gabinete para asegurar la apropiada conexión entre el liderazgo civil y el
instrumento militar.
Nota importante al pensamiento de Clausewitz: el jefe militar tiene asiento en las
reuniones del gabinete del ejecutivo, pero no forma parte estrictamente de él. Esta es
una aclaración fundamental al pensamiento de Clausewitz, al que por una lectura
errónea del texto original se le ha tachado de militarista. Cuando no es así.

Conclusiones

El entorno de la seguridad internacional ha evolucionado desde la década de 1980 de una forma tal, que ha llegado a identificarse con el acrónimo VUCA (inglés de: Volatilidad, Incertidumbre, Complejidad y Ambigüedad). En dicho entorno, el concepto FAS y sociedad cobra más importancia a medida que aumenta la complejidad de las sociedades democráticas avanzadas, la del entorno internacional y el catálogo de amenazas a las que se enfrentan los estados.
Los Estados disponen de una amplia gama de instrumentos de poder, pero queda a criterio del gobierno a cargo, previo acuerdo con sus ciudadanos, como utilizarlos para alcanzar sus fines. Estos responden, o deberían responder, a unas necesidades estratégicas que se engloban bajo el dosel de los intereses nacionales; que la literatura estratégica española califica como: vitales, estratégicos y otros.
La defensa de esos intereses puede requerir el uso de la fuerza, lo que es así en el caso de los intereses vitales, es decir; aquellos de carácter irrenunciable ara cuya defensa el Estado estaría dispuesto a emplear la fuerza. Este es el ámbito funcional del militar profesional: la gestión de la violencia (organizada) en nombre del Estado.
Platón distribuía a los ciudadanos en tres categorías en su idea de sociedad: los gobernantes filósofos, los soldados y los artesanos- labradores. Otorgaba al soldado una posición de importancia solo por detrás de los gobernantes, lo que era un reconocimiento a su función esencial para la supervivencia de la sociedad. Lamentablemente, las sociedades occidentales actuales no conceden el mismo
reconocimiento al militar profesional. El resultado de ocho décadas de paz y bienestar, en los que Europa Occidental ha quedado al margen de los conflictos que han asolado el mundo durante ese tiempo, es que las sociedades en Occidente padecen el complejo Alicia. Lo que no es apreciado por una gran parte de sus ciudadanos.
Al finalizar el primer cuarto de un siglo XXI que se presenta cada vez más Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo (VUCA), puede que en un futuro la última línea de defensa de las sociedades Alicia descanse en sus militares profesionales. Si ese  momento llegase, las sociedades democráticas avanzadas en Occidente serán afortunadas si la profesión militar ha tenido éxito en preservar su ethos realista y
conservador. Esto será condición necesaria pero no suficiente para asegurar la supervivencia.
 
 
                                                                                             Francisco Javier Quiñones
                                                                                             (secretario Minerva Institute)
 
 

 

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