Resumen
La cultura estratégica (CE) ofrece un marco apropiado que ayude a interpretar como un estado pretende satisfacer sus intereses nacionales que, entre otras manifestaciones, se expresa a través de su política exterior y el empleo del poder militar. La CE estadounidense se ha caracterizado tradicionalmente más por la continuidad que por el cambio, lo que se refleja en las diferentes corrientes de la política exterior y la forma de emplear el poder militar. En el primer caso la política exterior de EE UU se ha inspirado básicamente en concepciones realistas y en el segundo, su pensamiento militar ha confiado más en las ingentes capacidades materiales de la nación que en desarrollar estrategias complejas. Este trabajo analizará la vinculación de las diferentes corrientes estadunidenses de política exterior con la CE, para lo que se recurre a la clasificación de Walter R. Mead.
Palabras clave
Cultura estratégica (CE), doctrina, Estados Unidos (EE UU), poder militar, política exterior
US Foreign Policy doctrine and the use of military power through the lens of strategic culture
Abstract
Strategic culture (SC) provides an appropriate framework for interpreting how a state seeks to satisfy its national interests, which, among other manifestations, are expressed through its foreign policy and the use of military power. US SC has traditionally been characterized more by continuity than by change, which is reflected in the different currents of foreign policy and the way in which military power is employed. In the first case, US foreign policy has been primarily inspired by realist conceptions, and in the second, its military thinking has relied more on the nation’s vast material capabilities than on developing complex strategies. This paper will analyze the connection between the different currents of US foreign policy and SC; for which Walter R. Mead’s classification is used.
Key words
Strategic culture (SC), doctrine, United States (US), military power, Foreign policy
Para citar este artículo (APA 7ª edición):
|
Quiñones, F. (2026). La doctrina de política exterior de EE UU y el empleo del poder militar a través de la lente de la cultura estratégica. Documento de información Minerva NN/aaa. Enlace web y RRSS. Consultado dd/mm/aaaa |
Introducción
A mediados de la década de1970, la postura nuclear de Washington se basaba en la respuesta masiva. Para ampliar sus opciones, el Pentágono concibió la estrategia de “operaciones nucleares limitadas”. Se aseguraba que con ella se incrementaba el factor disuasorio y se evitaría una escalada incontrolada entre EE UU y la URSS.
Con el objeto de evaluar la nueva política, en 1977 la RAND Corporation publicó un informe elaborado por el profesor Jack Snyder que subrayaba el punto débil de la nueva política. Este consistía en asumir que ambas potencias se refrenarían ante una crisis nuclear y para explicarlo, Snyder recurre al concepto “cultura estratégica”. En realidad, como Ken Booth explicaría más tarde, los estrategas estadounidenses habían caído en la trampa cultural del etnocentrismo al suponer que el adversario se regiría por la lógica estratégica propia.
Snyder niega la universalidad del pensamiento estratégico y reconoce que el análisis racionalista no explicaba satisfactoriamente el comportamiento estratégico soviético. Por ello, prefería pensar en su liderazgo estratégico como un grupo especializado en la gestión de la seguridad del estado que ha adquirido su pericia bajo una cultura estratégica propia, la cual constituye su rasgo de identidad característico.
En consecuencia, Snyder sostiene que el enfoque socio-cultural es más útil para entender el contexto estratégico soviético y define al concepto cultura estratégica como: “La suma total de ideas, respuestas emocionales condicionadas y patrones de conducta habitual que los miembros de una comunidad estratégica nacional han adquirido mediante instrucción o imitación y son compartidos entre ellos”.
No obstante, algunos autores han cuestionado el valor analítico de la noción cultura estratégica debido a que compartiría las mismas dificultades para su cuantificación que el concepto mismo de cultura.
En todo caso, puede constituir una valiosa ayuda para comprender el comportamiento internacional de un actor (estatal), especialmente en cuanto a sus doctrinas de política exterior y la forma de empleo del poder militar.
Rasgos principales de la cultura estratégica (CE) de Estados Unidos
En términos generalistas, la CE comprende una serie de creencias, asunciones y pautas adquiridas de comportamiento que son compartidos por la comunidad estratégica de un estado responsable de la seguridad nacional. En ese sentido, según Collin Gray, la CE de EE UU emerge de la experiencia histórica, concepciones filosóficas, aspiraciones y singularidad del pueblo americano que, entre otros factores, proviene de su especial condición geográfica.
De esa modo, la CE estadounidense se ha configurado a lo largo de prolongados períodos de paz, salpicados por grandes conflictos de periodicidad generacional[1]. A propósito de ello, rechaza la tradición europea de las políticas de poder características hasta la II GM. En cambio, como firmaba G. Kennan, sus relaciones internacionales pecaban de un excesivo moralismo.
Por ello, tendía a percibir aquellas guerras – se refiere a las guerras mundiales- como cruzadas contra el mal que solo podían terminar con la rendición incondicional del agresor y el cambio de régimen. En consecuencia, la CE estadounidense no ha percibido la guerra en términos clausewitzianos, sino precisamente como el fallo de la política.
En relación con ello, resulta significativo que los manuales de estrategia del US Army del periodo entreguerras del siglo pasado subrayaran la distinción radical entre política y estrategia [2]. Es decir: la estrategia empieza donde termina la política. Por esa razón, C. Gray ha afirmado que los estadounidenses tienden a pensar “aestratégicamente”.
Para EE UU, estas cuestiones han supuesto una incoherencia en su CE. Mientras que se identifica con valores como la paz y la libertad individual, la nación es capaz de movilizar ingentes recursos para la guerra y librar esta con una violencia inusitada. A propósito de ello, Samuel Huntington observó que EE UU tienden a lo extremo en la guerra, lo que supone una manifestación del lado tenebroso del liberalismo. Debido a ello, la ambivalencia de la CE estadounidense hacia la guerra sorprende a otras culturas estratégicas.
Las corrientes doctrinales de política exterior en EE UU
En términos generales, una determinada doctrina de política exterior se refiere al conjunto de planes y estrategias elaboradas por un ejecutivo que determinan la forma en la que este piensa conducir sus relaciones internacionales. Inspirada en principio en una de las grandes teorías de Relaciones Internacionales (RI)[3], constituye una declaración programática que, como tal, puede verse modificada por la evolución de la política internacional[4].
El enfoque de las doctrinas de política exterior estadounidenses bebe fundamentalmente de las fuentes del realismo político[5]. Si bien en ellas prevalece la importancia de las variables sistémicas, propias del realismo estructural, la creciente complejidad de la política internacional durante la posguerra-fría aconsejó introducir todo un conjunto de variables internas. Surge así en el seno de la teoría realista su corriente neoclásica (RNC), que incorpora factores internos correspondientes a los niveles individual (el estadista) y estatal (organización política, administrativa, etc del estado).
De esa forma, los realistas neoclásicos parten de la hipótesis central de que las presiones del nivel sistémico (internacional) se filtran a través de variables domésticas y dan lugar a los diferentes comportamientos de los estados en política exterior. En la práctica, el RNC sostiene que las cuestiones de política interna explican por qué los estados responden de forma distinta a presiones sistémicas similares[6].
Teniendo en cuenta que, como afirmaba G. Kennan: “el estadista no hace realmente lo que quiere sino lo que puede”; la doctrina es un producto de la CE en la que los procesos de toma de decisiones estratégicas condicionan el proceder de los líderes. Así pues, el marco teórico del RNC resulta apropiado para explicar las manifestaciones de la política exterior de EE UU a través de sus diferentes corrientes doctrinales.
El profesor Walter R. Mead diferenció cuatro corrientes de pensamiento político que, según sostiene, han guiado con notable éxito la política exterior de EE UU desde su fundación. Dichas corrientes se corresponden con los diferentes grupos sociales de EE UU e interactúan entre ellas, lo que ha proporcionado una visible continuidad a los modos y objetivos de la política exterior estadounidense en el largo plazo.
Sin ánimo de ser exhaustivos, las mencionadas corrientes doctrinales y sus rasgos característicos según Mead son las siguientes:
Realismo hamiltoniano[7]: defiende la primacía de los intereses comerciales de EE UU. Es conservador y mercantilista en el sentido de que los negocios son el motor de la política exterior, lo que conduce a la paz y la estabilidad.
Liberalismo jeffersoniano[8]: contemporánea y opuesta a la anterior. Se basa en la defensa de la democracia, cuyos beneficios no proceden solo de las ganancias comerciales. En consecuencia, los jeffersonianos se muestran escépticos con las relaciones exteriores y son renuentes a intervenciones que puedan poner en peligro el equilibrio interno. Según el punto de vista, pueden ser considerados aislacionistas o nacionalistas.
Nacionalismo jacksoniano[9]: representaría a las comunidades rurales del país, partidarias del uso unilateral de la fuerza en beneficio de los intereses de EE UU. Aunque su orientación es, por tanto, marcadamente nacionalista y populista, sus partidarios no han demostrado escrúpulos a la hora de ejercer el poder de EE UU en el exterior. Es la corriente más beligerante y celosa de los derechos y valores de los estadounidenses, lo que los ha llevado a negar derechos a los extranjeros. Aprueban sistemáticamente el gasto en defensa con el fin de preservar los valores e intereses de EE UU en el mundo, no en nombre de principios elevados.
Idealismo wilsoniano[10]: al igual que los jeffersonianos consideran que la democracia es el valor social y político supremo que debe defender Estados Unidos. Sin embargo, a diferencia de los últimos, son partidarios de exportar los valores e ideales democráticos, entre los que destaca la democracia liberal como forma de gobierno. Lo cual consideran que es una obligación moral de EE UU. Por esa razón, aunque por motivos opuestos a los de las nacionalistas, se pueden considerar intervencionistas.
[8] En honor a Thomas Jefefrson, otro de los padres fundadores y 3º presidente de EE UU entre 1801 y 1809; al que se le atribuye la redacción de la Declaración de Independencia. Fue promotor de los ideales del republicanismo estadounidense.
[9] En honor a Andrew Jackson, que fue el 7º presidente de EE UU entre 1829 y 1837 y se vincula con los orígenes del partido Demócrata. Su servicio público, antes y durante su mandato, se caracterizó por promover y llevar a cabo el genocidio de tribus indias y su posterior deportación a las tierras al oeste del río Mississippi.
[10] En honor de Woodrow Wilson, 28º presidente estadounidense (1913-1921), perteneciente al Partido Demócrata. Al finalizar la I GM impulsó la creación de la Sociedad de Naciones, para lo que presentó un programa de signo liberal sobre la base de sus famosos “catorce puntos” con el fin de construir un mundo sin guerras.
[11] Mead considera que otras corrientes, como la de los realistas continentales, de influencia europea, son exógenas a la tradición política estadounidense: por lo que las excluye en su taxonomía.
Cuadro resumen rasgos corrientes EE UU en política exterior y postura empleo fuerza en relaciones internacionales[11]
|
CONSERVADORES |
LIBERALES |
|
|
INTERNACIONALISTAS |
hamiltonianos |
wilsonianos |
|
NACIONALISTAS |
Jacksonianos |
jeffersonianos |
|
EMPLEO FUERZA |
halcones |
palomas |
Fuente: elaboración propia

|
Fuente: Patterson, Pg. 11 |
De estas cuatro corrientes surgen los diferentes grupos ideológicos que son, en realidad, los que ejercen influencia directa en la toma de decisiones estratégicas en política exterior. La más dramática de las cuales es: entrar en guerra. Estos grupos se dividen en: realistas, neoconservadores, liberales intervencionistas y jacksonianos y la preponderancia de uno u otro define el perfil de cada administración, aunque todos suelen estar representados.
Asimismo, el sistema de equilibrios intencionadamente complejo de la administración estadounidense influye poderosamente en los procesos de toma de decisiones. Este aspecto es importante para comprender como las diferencias agencias compiten ferozmente entre ellas por la influencia y la asignación de recursos al mismo tiempo que proceden en beneficio de los intereses nacionales.
Por último, las concepciones religiosas en torno a la idea del excepcionalismo americano se transmiten al discurso político en términos de lucha del bien contra el mal. Tradicionalmente, esta idea ha formado parte de la retórica política americana cuando es conveniente “demonizar” a un enemigo contra el que se ha decidido ir a la guerra; seguramente por causas más espurias.
Conclusiones
En Europa es frecuente interpretar las decisiones en política internacional de las diferentes administraciones estadounidenses desde una óptica continental. Eso se traduce en una aproximación etnocentrista, no exenta de cierto complejo de superioridad y en ocasiones una no disimulada arrogancia. Por su parte, también es cierto que, en Washington, el grupo de decisores y estrategas que asumen el importante papel de custodios de la CE, a menudo cometen el mismo error.
Sin embargo, desde una perspectiva sistémica, es indiscutible que las acciones de una gran potencia suelen ejercer efectos más relevantes y duraderos sobre el sistema que las de otras de inferior jerarquía. En cualquier caso, todo actor debe evitar una visón estrecha y cortoplacista de las dinámicas internacionales puesto que los errores de cálculo estratégico acarrean siempre serias consecuencias y, como mínimo, son de difícil rectificación.
A propósito de todo ello, en Europa es frecuente valorar la llegada de una nueva administración a la Casa Blanca en coordenadas ideológicas de izquierda o derecha. Sin embargo, se llama la atención sobre el hecho de que tal enfoque no ocurre solo a nivel del público generalista sino también entre los responsables de la política exterior. Excluyendo las causas debidas a las políticas nacionales, una razón para ello es el desconocimiento de la CE de EE UU.
En ese sentido, siempre en el marco de la política exterior, no se debe pensar en las diferentes administraciones como una suerte de compartimentos estancos, ya sea en términos ideológicos o doctrinales. En realidad, existe mayor continuidad entre ellas de lo que podría parecer ante un examen no riguroso.
De hecho, no ha sido infrecuente que una administración arribase a la Casa Blanca con un programa para modificarlo después, incluso radicalmente, en función de los acontecimientos mundiales. Lo cual, primero y ante todo, revela una continuidad en los intereses de EE UU y su subordinación a la ideología.
A tales efectos, el conocimiento de su CE se presenta como un instrumento útil de ayuda al decisor. Al adoptar una perspectiva socio-cultural, puede complementar eficazmente los espacios vacíos que deja el análisis racionalista. De todas formas, lo que verdaderamente tendría utilidad práctica son los productos que genera la CE. A tales efectos, se puede pensar en la CE como una caja negra en la que los procesos que ocurren en su interior son desconocidos, lo que no es indiferente. Pero no así sus entradas y salidas.
Entre las primeras se pueden enumerar la historia, la geografía, la cultura (política, legal, militar, etc); y entre los segundos destacan de forma especialmente relevante: la doctrina (de política exterior o militar) y la forma de empleo del poder militar; o lo que en el caso de este trabajo la literatura anglosajona denomina “American way of Warfare”.
Francisco Javier Quiñones (Analista Minerva)

