Resumen
Palabras clave
Abstract.
Analysis has recently circulated in some quarters suggesting a possible alliance between Turkey, Armenia, and Azerbaijan around the Zangezur Corridor, with the supposed aim of undermining Russia's already weakening influence in the region. Although certain events could support this hypothesis, such as accusations by Armenian groups against Moscow for an alleged attempt at destabilization through religious groups, or the notable deterioration in relations between Putin and Aliyev following the recent clashes between the two countries, the formation of a cohesive and openly anti-Russian Caucasian bloc seems unlikely in the short and medium term. Deep historical divergences, conflicting strategic interests, and the persistent dependence of some of these actors on Russia make such a scenario unviable in the immediate future.
Keywords
hydrocarbons, alliance, Caucasus, geopolitics.
Introducción.
El panorama geopolítico actual en el Cáucaso refleja una clara hegemonía azerí,
consolidada tras los recientes episodios en Nagorno Karabaj que revelaron tanto la
debilidad armenia como la inacción de las fuerzas rusas desplegadas en la zona. Este
escenario ha permitido al régimen de Aliyev, con el firme respaldo turco, avanzar
progresivamente hacia sus objetivos estratégicos en la región, fundamentalmente de
carácter territorial y energético, posicionándose como actor dominante en el Cáucaso Sur.
La paradoja geopolítica que enfrenta Azerbaiyán reside en su relación ambivalente con Armenia, mientras Ereván representa un obstáculo para sus aspiraciones territoriales, al mismo tiempo se configura como un vecino indispensable para cualquier esquema de cooperación regional. Esta dualidad adquiere mayor relevancia en el contexto de las recientes tensiones entre Bakú y Moscú, donde Azerbaiyán busca sistemáticamente erosionar los últimos vestigios de influencia rusa en la región, particularmente en el ámbito energético.
La materialización del corredor de Zangezur representaría un punto de inflexión estratégico, al agilizar el flujo de hidrocarburos azeríes hacia Europa y crear un competidor directo a los intereses rusos en el corredor Norte-Sur. Este último eje, actualmente afectado por las tensiones entre Irán e Israel, vería así reducida su relevancia en el tablero energético regional.
El conflicto Moscú-Bakú
El último episodio de las tensiones diplomáticas entre los dos países comenzaron a finales de junio, cuando una redada de la policía rusa contra miembros de la diáspora azerí en Ekaterimburgo se saldó con 50 detenidos y dos fallecidos. El ministro de asuntos exteriores azerí expresó su malestar a Moscú de manera enérgica, exigiendo una profunda investigación del caso y responsabilidades del suceso.
El gobierno de Bakú reaccionó con contundencia: el ministro de Exteriores azerí, Ceyhun Bayramov, exigió a Moscú una investigación exhaustiva y asunción de responsabilidades. La portavoz del Kremlin, Maria Zakharova, defendió la acción alegando que se trataba de una red criminal vinculada a múltiples homicidios, argumento que Azerbaiyán rechazó categóricamente.
La escalada continuó con la detención en Bakú del director ejecutivo y redactor jefe de Sputnik Azerbaiyán, condenados a cuatro meses de prisión por cargos de fraude –medida ampliamente interpretada como represalia política 1 . Este incidente se enmarca en un deterioro bilateral progresivo desde que Aliyev consolidó el control sobre Nagorno Karabaj en septiembre de 2023, desafiando abiertamente la influencia rusa en la región.
El punto álgido de esta crisis ocurrió meses antes, cuando las autoridades rusas denegaron el aterrizaje de emergencia a un vuelo de Azerbaijan Airlines en Grozny, decisión que culminó trágicamente con el derribo accidental del avión por defensas antiaéreas rusas en espacio aéreo kazajo, dejando 38 víctimas mortales. Aunque Putin presentó excusas formales, su negativa a asumir responsabilidad institucional profundizó la fractura entre ambos gobiernos.
Los objetivos azeríes
Azerbaiyán ha alineado sus objetivos geopolíticos en torno a dos pilares estratégicos profundamente interconectados tras su victoria en Nagorno Karabaj. Por un lado, busca consolidar su control territorial mediante la materialización del Corredor de Zangezur, un proyecto que, más allá de su aparente función logística, representa una herramienta de reconfiguración del poder regional. Este corredor, que conectaría el territorio principal azerí con su enclave de Najicheván atravesando el sur de Armenia, constituye el núcleo de una estrategia amplia destinada no solo a garantizar la continuidad territorial sino a redefinir los equilibrios de influencia en el Cáucaso Sur.
El segundo pilar, inseparable del primero, consiste en afianzar su posición como potencia energética regional. La concreción del Corredor de Zangezur permitiría a Azerbaiyán y su aliado Turquía establecer una ruta alternativa para la exportación de hidrocarburos hacia Europa, evitando tanto el territorio ruso como el iraní. Esta vía competiría directamente con los suministros energéticos de Moscú, erosionando su posición en mercados tradicionalmente dependientes del gas ruso como los Balcanes y Europa del Este, al tiempo que debilitaría el proyecto del corredor Norte-Sur promovido por Rusia e Irán.
La materialización de este proyecto representaría un triunfo estratégico multidimensional para Azerbaiyán. En el ámbito territorial, consolidaría su victoria militar al asegurar la conectividad con Najicheván. Como potencia energética, lo posicionaría como eje central de las rutas entre Asia Central y Europa. Geopolíticamente, reduciría la dependencia de Rusia mientras aisla progresivamente a Armenia, todo ello con el respaldo activo de Turquía y la simpatía tácita de Occidente.
Para Rusia, el éxito de esta iniciativa azerí supondría un revés comparable al retroceso experimentado tras la disolución de la URSS. El Corredor de Zangezur no solo amenazaría su hegemonía energética en Europa oriental, sino que confirmaría su claudicación como actor en el Cáucaso Sur. La confluencia de estos factores revela cómo un proyecto aparentemente infraestructural puede transformarse en el eje de una reconfiguración geopolítica de amplio alcance.
Armenia y su complicada participación en la alianza
Las pretensiones azeríes chocan con una Armenia que si bien ha roto relaciones con Rusia, tampoco configura su principal enemigo. Sin embargo, Erevan sí tiene motivos para desconfiar de los proyectos que vienen desde Ankara o Bakú, y ha mostrado su posicionamiento al citado corredor a través de un documento denominado “Encrucijada de Paz”, en el que Armenia propone una apertura de fronteras para libre circulación pero respetando la soberanía y legislación armenia.
El Corredor de Zangezur, aunque concebido inicialmente como un proyecto estratégico de Azerbaiyán, podría generar importantes beneficios para Armenia si se implementa bajo un marco de reciprocidad y con garantías internacionales. Para Ereván, la materialización de esta ruta supondría una oportunidad para transformar su aislamiento geográfico en ventaja logística, abriendo nuevas posibilidades de conectividad. Al conectar el sur de Armenia con Azerbaiyán y Turquía, el país podría acceder a mercados tradicionalmente difíciles de alcanzar, reduciendo su dependencia de las actuales rutas que pasan por Georgia.
2 Entrevista al embajador amenio en España, Sos Avetisyan
En el ámbito económico, Armenia se beneficiaría de potenciales ingresos por tránsito y peajes, además de poder desarrollar infraestructuras asociadas que generarían empleo y actividad industrial. La conexión directa con mercados turcos e iraníes a través de este corredor podría revitalizar sectores clave como la agricultura y la manufactura. Desde una perspectiva geopolítica, una implementación equilibrada del proyecto podría convertir a Armenia en un actor relevante en las rutas comerciales entre Asia Central y Europa, mejorando su posición negociadora tanto con Occidente como con Rusia.
A nivel de seguridad, un acuerdo bien estructurado sobre el corredor podría incluir garantías para la estabilidad de la región de Syunik, actualmente fronteriza con Azerbaiyán. La presencia de observadores internacionales y mecanismos de supervisión multilaterales asociados al corredor podrían disuadir futuras tensiones. Además, la participación armenia en este proyecto bajo condiciones favorables podría servir como catalizador para la normalización de relaciones con Turquía, abriendo posibilidades de cooperación económica que hoy parecen lejanas.
Sin embargo, estos beneficios potenciales dependen críticamente de que el corredor se desarrolle como un proyecto mutuamente acordado y no como una imposición unilateral. La experiencia del bloqueo de Lachín demuestra los riesgos de depender de rutas controladas por Azerbaiyán sin garantías sólidas. Por ello, cualquier avance en esta dirección requeriría un marco jurídico internacional que proteja los intereses armenios, asegurando que la conectividad no se convierta en una herramienta de presión geopolítica. En este sentido, el Corredor de Zangezur podría representar tanto una oportunidad para la integración regional de Armenia como un riesgo si no se negocia con precaución.
Conclusiones
Minerva Institute

