Resumen
Rusia, como heredera histórica y emocional de la antigua URSS, considera el Ártico como su patio trasero, donde pretende evitar su envolvimiento estratégico ante los efectos que el deshielo provoca en la región -interés de actores regionales y globales por acceder a los recursos y rutas marítimas.
Las consecuencias de la guerra en Ucrania afectan a Rusia en el Ártico. Unido a un contexto de creciente enfrentamiento y reestructuración del sistema internacional, las relaciones con el resto de miembros del Consejo Ártico están congeladas. La OTAN avanza en la zona, incluyendo la incorporación de dos estados árticos como son Suecia y Finlandia.
Las relaciones con EEUU vuelven a estar marcadas por el enfrentamiento y la desconfianza. EEUU, además de la OTAN y la UE, ven con recelo la creciente remilitarización rusa en la región, la mayor presencia china en el ártico, y la relación de cooperación entre ésta y Rusia. Una relación sino-rusa limitada, pero basada en algunos intereses complementarios y coincidentes.
Palabras clave
EEUU, China, deshielo, militarización, rutas marítimas.
Abstract
Russia, as the historical and emotional heir to the former USSR, regards the Arctic as its own backyard, where it seeks to prevent itself from being strategically encircled by the effects of the melting ice in the region – namely, the interest shown by regional and global actors in accessing resources and maritime routes.
The consequences of the war in Ukraine are affecting Russia in the Arctic. Against a backdrop of growing confrontation and the restructuring of the international system, relations with the other members of the Arctic Council are frozen. NATO is expanding in the region, including the accession of two Arctic states, Sweden and Finland.
Relations with the US are once again marked by confrontation and mistrust. The US, along with NATO and the EU, views with suspicion Russia’s growing remilitarisation in the region, China’s increased presence in the Arctic, and the cooperative relationship between China and Russia. A limited Sino-Russian relationship, but one based on certain complementary and overlapping interests.
Keywords
U.S.A, China, melting ice, militarisation, shipping routes.
*NOTA: Las opiniones contenidas en este documento son responsabilidad de su autor, sin que necesariamente concuerden con las líneas de pensamiento de Minerva Institute.
Para citar este artículo (APA 7ª Edición)
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Jurado, M. (2026) Rusia y el Ártico. Minerva Institute S.L.Documento de Información 13/2026. Enlace web y enlace RRSS. Consultado dd/mm/aaaa |
Introducción
Rusia, como heredera histórica y emocional de la antigua URSS, considera el Ártico como su patio trasero, donde pretende evitar su envolvimiento estratégico ante los efectos que el deshielo provoca en la región -interés de actores regionales y globales por acceder a los recursos y rutas marítimas.
Las consecuencias de la guerra en Ucrania afectan a Rusia en el Ártico. Unido a un contexto de creciente enfrentamiento y reestructuración del sistema internacional, las relaciones con el resto de miembros del Consejo Ártico están congeladas. La OTAN avanza en la zona, incluyendo la incorporación de dos estados árticos como son Suecia y Finlandia.
Las relaciones con EEUU vuelven a estar marcadas por el enfrentamiento y la desconfianza. EEUU, además de la OTAN y la UE, ven con recelo la creciente remilitarización rusa en la región, la mayor presencia china en el ártico, y la relación de cooperación entre ésta y Rusia. Una relación sino-rusa limitada, pero basada en algunos intereses complementarios y coincidentes.
Rusia y el Ártico. De la cooperación a la remilitarización
Para Rusia, el Ártico es un elemento clave en la reafirmación de su identidad y orgullo nacional, siendo fundamental para su desarrollo económico, seguridad nacional y proyección internacional.
Rusia cuenta con 24.000 km de costa ártica -más de la mitad de todo el litoral ártico. Para Rusia, la historia y la geografía le otorgan el derecho casi exclusivo de influir en el Ártico. Pero Rusia teme que el deshielo de la superficie ártica afecte a su dominio regional.
La política rusa hacia el Ártico se originó a principios del siglo XX. En 1931, Stalin estableció una política ártica basada en la promoción del desarrollo del norte de Siberia. Desde este momento y, dado que el Ártico es el punto en el que más cerca se encontraban la URSS y EEUU, se inició un proceso de militarización en la región.
Tras un periodo de pacificación y cooperación regional tras la caída de la URSS, con el cambio de siglo y, especialmente la llegada de Putin al poder, se vuelve de nuevo la mirada hacia el Ártico, buscándose convertir a Rusia en la principal potencia ártica.
La política rusa desde entonces se apoya en sus derechos geográficos e históricos, pero también a que la región implica una amenaza para su seguridad debido al deshielo, y a una mayor presencia de la OTAN -con Noruega haciendo frontera con Rusia- y la incorporación en esta organización de Suecia y Finlandia tras iniciarse la guerra de Ucrania.
Rusia, desde 2008 –en el documento Fundamentos de la política estatal de la Federación Rusa en el Ártico hasta el año 2020 y con una perspectiva ulterior-, ha puesto en práctica una política ártica basada en dos enfoques divergentes: declara que busca la cooperación, pero en la práctica está orientada hacia la disuasión y remilitarización regional para defender su soberanía.
Esta remilitarización pasa por la recuperación y reacondicionamiento de antiguas bases, equipos -aéreos y terrestres- y puestos fronterizos de la época soviética. También se han construido bases nuevas para poder recibir cazas de nueva generación.
Hay un mando militar estratégico para coordinar las fuerzas militares rusas en el Ártico, con sede en la base naval de Severomorsk –cerca de Murmansk. Se ha llevado a cabo una especialización de brigadas y equipos adaptándolos a las condiciones extremas de la región. Se han potenciado los sistemas alerta ante incursiones aéreas y marítimas, nuevos sistemas de defensa antiaéreos. También se han intensificado las maniobras y ejercicios militares –algunos de ellos con participación china-, siendo vistos con recelo por la OTAN y los países árticos.
La joya de la corona es la Flota del Norte, garante de la seguridad de Rusia, con la que asegura la línea de costa y proyecta su fuerza más allá de la península de Kola. Destacan sus 41 rompehielos, ocho de ellos de propulsión nuclear. En términos generales, existe un desequilibrio de fuerzas militares regionales entre Rusia y EEUU –a favor de Rusia.
Se debe destacar también la importancia de los recursos naturales en el Ártico –minerales, energéticos y de pesquerías. El aumento del deshielo facilita el acceso, explotación y aprovechamiento de estos recursos. El Ártico representa, de reservas globales, el 13% de petróleo, 30% de gas, y numerosos depósitos de tierras raras.
Gran parte de esos recursos se encuentran en los Estados de la región o en zonas marítimas que están bajo su jurisdicción. Rusia es quien más se beneficia de estos recursos. Se calcula que el Ártico y sus recursos representan el 20% del PIB ruso. Rusia cuenta con la mayoría de los yacimientos de petróleo y gas –dos tercios de las reservas de petróleo y gas de Rusia están en su Zona Económica Exclusiva, ZEE.
Rusia desea y necesita ampliar la adquisición de recursos naturales para satisfacer sus necesidades energéticas y de desarrollo socioeconómico. Sin embargo, la explotación de estos recursos en el Ártico requiere de unas capacidades tecnológicas y logísticas que implican cooperación internacional. Tras la guerra de Ucrania y las sanciones por parte de países occidentales, Rusia se ha visto obligada a buscar la cooperación de empresas que no fueran norteamericanas ni europeas, lo cual la llevó la intensificar sus relaciones con China.
En cuanto a los caladeros de pesca árticos, se centran en tres áreas concretas, siendo estas Groenlandia occidental, el mar de Noruega y el mar de Barents. Estos caladeros han despertado el interés de los Estados ribereños y de actores pesqueros con presencia mundial.
Otra de las consecuencias del deshielo es el acceso a rutas de navegación marítima de difícil navegación -en algunos casos inaccesible. Principalmente hay dos rutas, el Paso del Noroeste –entre el Atlántico y el Pacífico por Canadá, pero que permanecerá más tiempo bloqueada por el hielo- y la Ruta Marítima del Norte.
Esta última transcurre principalmente por aguas rusas y será la más beneficiada por las condiciones climáticas. Estudios indican que será plenamente navegable en 10-15 años. Rusia ha buscado potenciar esta Ruta y las ciudades y zonas afectadas, llevando a cabo el reacondicionando puertos, estaciones de búsqueda y rescate, o puestos fronterizos.
Esta ruta radica es una alternativa del comercio mundial a otras rutas dominadas por los chokepoints –como son el Estrecho de Malaca, Canal de Panamá y de Suez, etc-, y acorta notablemente la distancia y duración del resto de rutas marítimas -especialmente entre Europa y Asia.
Sin embargo, el dominio que ejerce Rusia –amparada por la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, o UNCLOS- está suponiendo problemas administrativos en la navegación -normativa medioambiental, aranceles, seguros. La ley rusa exige a los buques extranjeros pagar por los informes meteorológicos o de hielo, por pilotos rusos y por servicios rusos de rompehielos, prohíbe el transporte del petróleo o gas extraído de la región.
Para Rusia, UNCLOS –ratificado por todos los estados árticos excepto EEUU- es importante en lo que refiere a las reclamaciones territoriales en la región. Rusia se apoya en UNCLOS para reivindicar su soberanía sobre cada vez más amplias zonas de lecho marino ártico.
Según UNCLOS, los Estados ribereños pueden presentar, dentro de los primeros diez años de la ratificación de la convención, una reclamación territorial para ampliar su control sobre los fondos marinos de las plataformas continentales, si los límites de las mismas llegan más allá de ZEE. Noruega, Rusia y Dinamarca ya presentaron sus propuestas a la Comisión de Límites de la Plataforma Continental.
Si se aceptasen sus reclamaciones, Rusia podría ser el gran triunfador. Reclama que las cordilleras submarinas Lomonosov y Mendeleev son una extensión de su territorio y, si lo logra, controlaría 1,2 millones de Km2 -la mitad del Ártico. Canadá y Dinamarca también ambicionan esta cordillera como extensión de su plataforma continental. Destacar cuando, en agosto de 2007, dos minisubmarinos rusos pusieron una bandera rusa de metal a unos 4.200 metros de profundidad en esta cordillera.
Relaciones rusas en el Ártico
En primer lugar, Rusia sigue miembro del Consejo Ártico. Sin embargo, tras iniciarse la guerra en Ucrania, el resto de estados árticos dejaron de participar en ella en los asuntos en que participase Rusia, quedando así paralizada la actividad del Consejo Ártico.
En cuanto a sus relaciones con EEUU, se debe tener en cuenta el enfoque norteamericano hacia el Ártico, centrado en la dicotomía entre explotar recursos árticos y las preocupaciones medioambientales. Sin embargo, la mayor asertividad rusa y el creciente interés chino por la región han llevado a EEUU a cambiar su enfoque. Diplomáticamente, ha reabierto su consulado en Nuuk -Groenlandia- y establecido su presencia en Tromsø -Noruega.
EEUU mantiene abiertas en la región disputas con Rusia referentes al Mar y Estrecho de Bering. La ubicación de bases rusas y norteamericanas en el Estrecho de Bering genera una barrera A2/AD -Anti-Access/Area-Denial-.
El creciente interés de EEUU por la región ha quedado de manifiesto con el interés de Donald Trump –en 2019 y 2026- de comprar Groenlandia, debido a los importantes recursos energéticos y minerales de la isla, así como por ser una zona bastión frente a la influencia y proyección rusa y china.
EEUU ve con preocupación el fortalecimiento de las capacidades militares rusas y la necesidad de contrarrestar la influencia china, tal y como refleja su Estrategia Nacional para la Región Ártica de 2024. Ha empezado a incrementar su interés militar en el Ártico, instalando bases de sus Fuerzas Armadas. Está ubicando unidades de infantería mecanizada y tropas aerotransportadas. A ello se suma la presencia de su Segunda Flota, con base en Norfolk.
EEUU cuenta en la región con sistemas de defensas aérea y de misiles. Cuenta con varias bases – en Fairbanks y Anchorage. Destaca la base de Thule en Groenlandia que cuenta con un gran radar de detección de misiles balísticos intercontinentales. Hay desplegados cazas de nueva generación.
La capacidad naval más necesaria para EEUU es disponer de más buques rompehielos de gran tamaño o buques polares. Aún así, la mayoría de los aproximadamente 50 submarinos nucleares de EEUU son capaces de operar bajo el hielo ártico. Muchos portaaviones, grandes buques de combate y naves de guerra anfibias son capaces de operar bajo las condiciones climáticas de la región. Más que remilitarizar, EEUU está realizando un despliegue gradual y preventivo de tropas y armamento en la región.
En cuanto a las relaciones rusas con China, se trata de unas relaciones marcadas tanto por la cooperación al máximo nivel, como por la desconfianza.
La cooperación y las relaciones entre Rusia y China responden a una dinámica entre las sanciones occidentales a Rusia tras la guerra de Ucrania -también previas a la primera invasión de 2014 en el este ucraniano-, y al interés chino en explotar los recursos árticos y el acceso a las rutas marítimas -con las cuales acorta distancia, tiempo y dinero, y evita los chokepoints. En este punto entraría la Ruta de la Seda Polar, dentro del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, con la cual busca diversificar y expandir sus rutas comerciales y de suministro, y ampliar su influencia política y financiera. Se trata de una relación de conveniencia y circunstancial -históricamente Rusia y China han tenido relaciones de tensión y desconfianza.
Aprovechando las dificultades de Rusia para acceder a la tecnología y financiación occidental, China ha hecho importantes inversiones en infraestructuras de transporte y de explotación de recursos y de transporte en el Ártico ruso.
Rusia y China han declarado el Ártico como un espacio de cooperación en materia de investigación científica, energía, transporte, turismo o protección medioambiental. China aporta recursos financieros y tecnológicos que Rusia necesita, mientras que Rusia aporta el territorio y la experiencia adquirida en la explotación de los recursos.
Las buenas relaciones y la cooperación ruso-china dependerán, en gran parte, de la evolución y final de la guerra en Ucrania.
La desconfianza rusa hacia China viene marcada en cuanto China se percibe a sí misma como un “Estado semi ártico” con ambiciones de convertirse en una “potencia polar” -Libro Blanco sobre Política Ártica de 2018-, y en el hecho de que, aunque China reconoce la soberanía de los Estados árticos, considera el Ártico como un asunto global cuya gestión no puede confiárseles en exclusiva. Rusia no renuncia a afianzar su control sobre la Ruta Marítima del Norte, y muestra desconfianza hacia al desarrollo de la flota china de rompehielos.
En cuanto a la UE, si bien está legitimada a actuar en el Ártico, ya que tres de sus miembros -Dinamarca, Finlandia y Suecia- son estados árticos, hay varios factores restringen el margen de acción de la UE. La UE no desempeña un papel en la seguridad del Ártico -como sí hace la OTAN. Sus competencias y política se centran en materia medioambiental, pesquería, derechos de los nativos, etc. Pero en la Estrategia de la UE de 2021 -Una implicación reforzada de la UE en favor de un Ártico pacífico, sostenible y próspero- se reconoce el creciente interés en los recursos y las rutas de transporte en la región como posible fuente de competencia geopolítica e incluso conflicto. En cuanto al Consejo Ártico, la UE ha visto rechazada desde 2009 su solicitud de tener estatus de miembro observador.
Respecto a la OTAN, ésta utiliza las bases militares noruegas para responder a las demostraciones de fuerza realizadas periódicamente por Rusia en la región. La OTAN organiza periódicamente en la región los ejercicios de adiestramiento Trident Juncture, desplegando fuerzas militares. Sin embargo, Noruega, al ser frontera con Rusia, también busca tener buenas relaciones bilaterales con Rusia, manteniendo así un equilibrio estratégico difícil de sostener.
En caso de conflicto Rusia-EEUU, Groenlandia podría ser uno de los puntos más importantes. De soberanía danesa, es fundamental en el marco de seguridad de la OTAN, especialmente en el paso Groenlandia-Islandia-Reino Unido -GIUK-, o GIN -Groenlandia, Islandia y Noruega. Pero también es una zona de paso para los submarinos rusos. Y a ello se une el interés chino por las tierras raras presentes en la isla.
A toda esta situación se suma un contexto en el que crece el sentimiento de independencia entre la población groenlandesa, necesitando la isla de alianzas con otras potencias para su autogobierno. El resultado de esa independencia y la orientación que lleve podría implicar medidas unilaterales por parte de los demás estados, esgrimiendo cuestiones de seguridad nacional, aumentando así el riesgo de enfrentamiento abierto en la región.
Conclusiones
El Ártico no está exento de dinámicas de confrontación globales. La falta de acuerdo sobre la soberanía en los mares árticos, la rivalidad por el acceso a cada vez más recursos y a rutas marítimas, y el contexto internacional indican que la región será parte de un hipotético conflicto futuro.
Rusia está mejor colocado para aprovechar las oportunidades del Ártico, gracias a su extenso litoral ártico y a su mayor presencia en la región desde la Guerra Fría. A ello se suma una política más decidida que la de otros actores de la región. Una política basada en la cooperación en lo declarativo, pero asertiva en la práctica, llevando a cabo una remilitarización en el Ártico justificada en derechos culturales e históricos, pero también ante el temor del avance de la OTAN en la región ante la desprotección que implica el deshielo. El objetivo final es reafirar su soberanía, controlar las rutas de navegación, y explotar los recursos energéticos de la región.
China se erige como un socio de circunstancias para Rusia frente a las deterioradas relaciones entre Occidente y Rusia. Una relación sin límites, pero que incluye también desconfianza rusa hacia China. El futuro de esta relación dependerá de la evolución y final de la guerra en Ucrania.
La militarización rusa y la estrecha relación entre Rusia y China es vista con recelo por EEUU la OTAN, que muestran cada vez más su voluntad de defender sus intereses en la región a través de ampliar los despliegues militares en la región.
Aún así, los actores del Ártico comparten intereses comunes como el cambio climático, la protección de la biodiversidad y la cooperación científica. Este contexto sugiere que el conflicto y la cooperación no son excluyentes, existiendo una competencia pacífica.
Miguel Jurado
Analista de Minerva Institute.
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