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Propaganda y decepción, vigencia de las operaciones psicológicas.

De los escenarios clásicos a los contextos híbridos. Parte I.

20 de mayo del 2024

Juan Pablo Bolívar Santos, minerva institute

Juan Pablo Bolívar Santos

🟥Hoy en nuestra publicación del lunes tenemos como autor a Juan Pablo Bolívar Santos.

El título de la publicación es:

Propaganda y decepción, vigencia de las operaciones psicológicas. De los escenarios clásicos a los contextos híbridos. Parte I.

Las opiniones vertidas en este documento es responsabilidad de su autor, sin que necesariamente concuerden con las líneas de pensamiento de Minerva Institute.

Resumen

Los escenarios de conflicto actuales, especialmente Ucrania y Gaza, han puesto de manifiesto una vez más la efectividad y vigencia de las operaciones psicológicas. Dichas operaciones orientadas a producir cambios en la percepción del adversario influyen de manera transversal no sólo en la toma de decisiones en el campo de batalla sino también en la perspectiva del conflicto por parte de la población civil. Este artículo tiene como objeto analizar los antecedentes históricos de la propaganda y la decepción como municiones del arma psicológica.

Palabras Clave
Operaciones psicológicas, percepción, influencia, propaganda, decepción.

Abstract

Current conflict scenarios, particularly in Ukraine and Gaza, have once again demonstrated the effectiveness and relevance of psychological operations. Such operations, which aim to change the perception of the adversary, have an overarching influence not only on battlefield decision-making, but also on how civilians view the conflict. This article aims to analyse the historical background of propaganda and deception as psychological weapons.

Key Words
Psychological operations, perception, influence, propaganda, deception.

Introducción

En sus orígenes la “Sacra Congregatio de propaganda fidei”, era una de las secciones de la Curia Vaticana cuya finalidad era la evangelización y propagación de la fe. Varios siglos antes de su creación por parte del Papa Gregorio XV (1622) se empezaba a fraguar el concepto de propaganda como herramienta militar con la finalidad de propagar no la fe cristiana sino el miedo.
El miedo como sentimiento primario mueve todo pensamiento del ser humano; de esta forma, la propagación del miedo influye de manera ineludible en los comportamientos instintivos de carácter defensivo. Al componente psicológico del miedo se le une el sociológico, el de pertenencia a un grupo o conjunto de iguales. En este caso concierne a fuerzas atacantes que tratan de propagar o infundir el miedo, con fuerzas asediadas cuya percepción les lleva a actuar condicionadas por la brutalidad, otra vez el miedo, que generan los enemigos y de esta forma claudicar o reaccionar erróneamente.
Por otra parte, la decepción, conceptualmente acciones orientadas a confundir deliberadamente al adversario en cuanto a intenciones y capacidades con la finalidad de influir en los niveles de decisión. Dicha influencia, históricamente ha sido principalmente por la propagación del miedo o del engaño. Ejemplos claros de ello y con connotaciones negativas, especialmente durante el siglo XX, son los regímenes totalitarios y el uso de la propaganda y la decepción para distorsionar la realidad, difundir falsedades y frustrar la capacidad de resistencia del oponente.

Decepción y propaganda del miedo.

Como referencia histórica del éxito en las campañas militares, especialmente en el asedio, Genghis Khan, empleó la decepción y la propagación del miedo tratando de acabar con la voluntad del enemigo antes de atacar el asentamiento. Los generales mongoles de Khan exigían sumisión y amenazaban a las ciudades con la destrucción completa si se negaban a rendirse. Se propagaba el miedo al invencible desde la última ciudad asediada, víctima de su futilidad, a la siguiente en caer. En el caso de no claudicar se cumplían sus amenazas y masacraban a los supervivientes arrasando las poblaciones, la propaganda se ajustaba a su principal característica la veracidad. El efecto multiplicador de las historias de la horda invasora se extendía generando un ambiente de inseguridad (miedo una vez más) que socavaba las posibilidades de una resistencia futura. El objetivo psicológico se había logrado, doblegando la voluntad de
lucha.

Ilustración 1: Asedio de Xingching (Yinchuan) capital de Xi-Xia o Tangut por los mongoles en 1209
Ilustración 1: Asedio de Xingching (Yinchuan) capital de Xi-Xia o Tangut por los mongoles en 1209

La táctica del miedo funcionaba, pero Khan también empleaba las tácticas de decepción, especialmente aquellas que provocaban el error en la táctica opuesta, haciendo que su número de tropas pareciese mayor de lo que realmente era. Durante las operaciones nocturnas ordenaba a cada soldado encender varias antorchas hasta el amanecer para generar la ilusión de un ejército gigantesco y así engañar e intimidar a los exploradores enemigos. En ocasiones, durante los movimientos de cabalgaduras se ataban elementos de arrastre a las colas de los caballos para que, cuando cabalgasen en un campo abierto que tuviera el terreno seco, levantase una nube de polvo que el enemigo percibiese una entidad mayor.
Más de cinco siglos después y en territorio español se puede constatar la primera referencia histórica a una campaña de propaganda, del miedo, llevada a cabo durante el asedio a la ciudad de Ceuta (1694-1727) por parte del sultán Muley Ismail. La fama del rey marroquí era visualmente atroz y determinada a provocar pavor en sus adversarios; famoso por haber ajusticiado a 400 jefes de cabilas opositores, masacrando a sus hijos, degollando a los desertores y exponiendo sus cabezas en picas, la narrativa del miedo no requería de más medio de difusión que el boca a boca.
Sustentada en las referidas medidas de efectividad, durante uno de los asaltos en enero de 1705, se arrojaron panfletos (precedente en la guerra psicológica impresa1) sobre las defensas de la ciudadela. Con el miedo como objetivo psicológico, los asaltantes conminaron a la deserción de los defensores ofreciéndoles vivir a cambio del exilio. Consciente o no, el sultán sentó otro precedente aplicando uno de los principios de la guerra psicológica, el principio de contraste, por el que se ofrecía mantener el bien superior que supone la vida propia como contraste a la deshumanización que conllevaba exponerse a ser derrotados y por tanto torturados, desmembrados y expuestos en una pica. Para mayor gloria de España los defensores no refutaron la premisa inicial del artículo “la propagación del miedo influye de manera ineludible en los comportamientos instintivos de carácter defensivo” pero los principios de la guerra psicológica quedaron establecidos.


1 Profesor D. Antonio Carmona Portillo – Archivo Histórico Nacional

De la propaganda del miedo, a las campañas de brutalidad del enemigo. Legitimarse deslegitimando.

Con el final del siglo XIX la propaganda ya era un arma de guerra reconocible e incluso institucionalizada desde el nivel militar al nivel político. No obstante, en la era moderna publicitar el miedo a la brutalidad propia no se podría considerar una narrativa con influencia positiva en los intereses o audiencias propias. La nueva estrategia2 a seguir y que perdurará hasta la actualidad, sería enfatizar la pulcritud en las acciones propias en contraste con la brutalidad del otro bando3. Una vez más España está presente en la evolución y desarrollo de la propaganda como arma de guerra psicológica, concretamente en la guerra de Cuba y como protagonista no interesado el General Valeriano Weyler.

Ilustración 2: Viñeta de Louis Dalrymple en la revista Puck, 1898
Ilustración 2: Viñeta de Louis Dalrymple en la revista Puck, 1898

2 En posteriores publicaciones se analizará la estrategia de contraste cuyo precedente es la guerra de Cuba, pero sigue vigente con ejemplos claros en la guerra civil española, guerras mundiales, Vietnam y conflictos actuales.
3 Arthur Ponsonby – tercer y quinto mandamiento de la propaganda de guerra.

Puede considerarse como la primera campaña de propaganda de la historia moderna con objetivos informativos transnacionales, organizada desde los Estados Unidos y diseñada para deslegitimar las acciones del General Weyler en Cuba. No sólo tuvo éxito en las audiencias cubanas, especialmente en los rebeldes mambises, sino también en España donde la campaña yanqui confirmó su efectividad y noticiarios como El Imparcial, El Correo, El Nuevo Régimen y Blanco y Negro actuaron como esferas de resonancia multiplicando la propaganda acerca de la brutalidad de Weyler.

Ilustración 3 «El bruto español añade la mutilación al asesinato». Portada de la revista estadounidense Judge
Ilustración 3 «El bruto español añade la mutilación al asesinato». Portada de la revista estadounidense Judge
Ilustración 4 Imagen de Weyler publicada en periódicos como The World y New York Journal
Ilustración 4 Imagen de Weyler publicada en periódicos como The World y New York Journal

El relato es claro: el miedo (una y otra vez) a la brutalidad del invasor, lo deslegitima y justifica tomar acciones propias, siempre ajustadas al derecho internacional y legítimas, para evitar la masacre.
El cambio de paradigma es destacable tanto por la introducción del diseño gráfico como por los objetivos psicológicos de la propaganda del miedo. La “anger campaign” ha nacido y permanecerá como estrategia de difusión en las guerras venideras, verbigracia el siguiente ejemplo de cartelería diseñada para fomentar el alistamiento en la Primera Guerra Mundial con la finalidad de combatir al “simio germano” que masacra la lilbertad.

Ilustración 5 Hopps, H.R (1869 – 1937). Destruye a este bruto loco - propaganda de alistamiento WWI
Ilustración 5 Hopps, H.R (1869 – 1937). Destruye a este bruto loco - propaganda de alistamiento WWI

A modo de conclusiones: una buena campaña siempre a largo plazo.

De manera muy sucinta se ha analizado la evolución del arma de la psicología en distintas épocas y escenarios clásicos hasta la época moderna, en publicaciones posteriores se tratará de desgranar las características de la propaganda a lo largo de la era de la información, especialmente la radio, hasta llegar a la más actual y digital era de la desinformación. No obstante, se puede deducir que según la premisa inicial, aunque varíen las audiencias, el diseño y los medios de difusión, los objetivos psicológicos no varían ya que el instinto de supervivencia en la guerra es el motivo y objetivo principal para aquellos que diseñan las campañas y para aquellos a los que se difunden.


Juan Pablo Bolívar Santos
Miembro de Minerva Institute

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