Resumen
El Sahel es una región muy inestable que enfrenta crisis políticas, climáticas y de seguridad, con una creciente presencia de grupos yihadistas y el debilitamiento de los Estados. En este contexto surge la Alianza de Estados del Sahel (AES), conformada por Malí, Burkina Faso y Níger, como respuesta a la inseguridad y al rechazo a la intervención extranjera, especialmente de Francia. Esta alianza busca recuperar la soberanía regional y construir soluciones africanas a los problemas africanos.
La AES no solo tiene un enfoque militar, sino también político y económico. Ha empezado a desarrollar instituciones comunes, como pasaportes compartidos y una propuesta de moneda propia, y ha establecido alianzas estratégicas con actores como Rusia y Marruecos, desplazando la influencia occidental. Sin embargo, también enfrenta desafíos graves: violencia persistente, crisis humanitaria, abusos contra civiles, y limitaciones operativas.
Además, la posible radicalización de partes del Frente Polisario en el Sáhara Occidental podría afectar la estabilidad regional y comprometer la salida marítima de la AES por el puerto de Dajla. En definitiva, la AES representa una oportunidad histórica para redefinir la soberanía africana, pero su éxito dependerá de su capacidad para equilibrar seguridad, desarrollo, derechos humanos y alianzas externas sin caer en nuevas formas de dependencia.
Palabras clave
Sahel, Inestabilidad, Crisis política, Seguridad, Grupos yihadistas, Estados debilitados, Alianza de Estados del Sahel (AES), Malí, Burkina Faso, Níger, Soberanía, Intervención extranjera, Francia, Soluciones africanas, Enfoque militar, político y económico, Instituciones comunes.
Abstract.
The Sahel is a highly unstable region facing political, climatic, and security crises, marked by the growing presence of jihadist groups and the weakening of state institutions. In this context, the “Alliance of Sahel States (AES)”—formed by Mali, Burkina Faso, and Niger—emerged as a response to insecurity and to foreign intervention, especially by France. The alliance aims to reclaim regional sovereignty and build African solutions to African problems.
The AES pursues not only a military approach but also political and economic integration. It has begun developing shared institutions, such as joint passports and a proposed common currency, while forging strategic partnerships with actors like Russia and Morocco, thereby reducing Western influence. However, it also faces serious challenges: persistent violence, a humanitarian crisis, civil rights abuses, and operational limitations.
Moreover, the potential radicalization of factions within the Polisario Front in Western Sahara could destabilize the region and jeopardize the AES’s maritime access through the port of Dakhla. Ultimately, the AES represents a historic opportunity to redefine African sovereignty, but its success will depend on its ability to balance security, development, human rights, and external alliances without falling into new forms of dependency.
Keywords
Sahel, Security, Jihadist groups, Weakened states, Alliance of Sahel States (AES), Mali, Burkina Faso, Niger, Sovereignty, Foreign intervention, France, African solutions, Military, political, and economic approach, Shared institutions
Introducción.
El Sahel, una vasta franja de transición entre el desierto del Sahara y la sabana sudanesa, se ha convertido en una de las regiones más inestables del mundo. Esta zona, que abarca países como Mauritania, Malí, Níger, Burkina Faso, Nigeria, Chad, Sudán, Eritrea y Etiopía, enfrenta una compleja interacción de factores climáticos, políticos y de seguridad que han agravado su situación humanitaria y geoestratégica. La expansión de grupos yihadistas, el colapso del orden institucional en varios de estos países, y el repliegue de fuerzas internacionales han generado un vacío de poder que está siendo llenado por nuevos actores y alianzas (International Crisis Group, 2023).
En este contexto, surge la Alianza de Estados del Sahel (AES) como una tentativa respuesta africana a los desafíos de soberanía y seguridad regional. Este ensayo examina la génesis, evolución y perspectivas de la AES, analizando su papel como herramienta de autodeterminación frente a una historia de intervenciones extranjeras y relaciones asimétricas. Se argumenta que la AES no solo constituye una alianza militar coyuntural, sino también un “experimento de soberanía” con implicaciones geopolíticas de largo alcance para África occidental y el equilibrio global de poder.
El Sahel: Frontera permeable y epicentro de crisis.
La geografía del Sahel ha sido históricamente una bendición y una maldición. Su posición intermedia entre el norte árabe-musulmán y el África subsahariana lo convierte en una zona de tránsito, tanto de bienes como de personas, pero también de armas, drogas y combatientes (Assanvo et al., 2019). La permeabilidad de las fronteras ha facilitado el tráfico ilícito, al tiempo que ha permitido el asentamiento y expansión de grupos yihadistas como Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), el Estado Islámico en el Gran Sahara (EIGS) y Boko Haram.
En los últimos años, estos grupos han ampliado su presencia más allá de sus bastiones tradicionales. Malí, Burkina Faso y Níger son los países más afectados, pero los ataques han comenzado a extenderse hacia áreas anteriormente más estables, como el norte de Benín (UNHCR, 2024). Esta intensificación de la violencia ha coincidido con la caída de regímenes democráticos mediante golpes de Estado militares, debilitando aún más la gobernabilidad institucional.
El nacimiento de la AES: Respuesta soberanista a una crisis estructural.
Frente al fracaso de mecanismos tradicionales de seguridad —incluyendo la intervención francesa bajo la Operación Barkhane y la MINUSMA de la ONU—, los gobiernos de Malí, Burkina Faso y Níger decidieron en 2023 formar la “Alianza de Estados del Sahel (AES)” (Institut Montaigne, 2023). Esta coalición responde a una doble motivación: por un lado, la necesidad urgente de coordinar esfuerzos militares frente al avance yihadista, y por otro, un rechazo creciente a lo que se percibe como una prolongada injerencia neocolonial occidental, especialmente por parte de Francia.
El surgimiento de un discurso soberanista y panafricanista se ha convertido en una poderosa narrativa política en estos países, alimentada por una población crítica con las élites anteriores y con las potencias extranjeras que, a pesar de décadas de presencia militar, no han logrado contener la violencia (Bøås & Torheim, 2022). La AES, en este sentido, representa una reapropiación de la agenda de seguridad y desarrollo, buscando soluciones africanas a problemas africanos.
Rusia, Marruecos y la reconfiguración de las alianzas internacionales.
El vacío dejado por Occidente ha sido rápidamente aprovechado por nuevos actores, entre ellos Rusia, que ha estrechado vínculos con los gobiernos de la AES. El despliegue del Grupo Wagner —ahora reformulado como parte del denominado África Korps— ha sido clave en el apoyo táctico y estratégico a las Fuerzas Armadas locales (The Africa Report, 2024). Además, Rusia ha provisto armamento pesado y tecnología militar, consolidando su presencia como socio preferente en la región.
Simultáneamente, otros países africanos han comenzado a involucrarse en la dinámica geopolítica del Sahel. Marruecos, por ejemplo, ha ofrecido una salida al Atlántico a través del puerto de Dajla, en el Sáhara Occidental, lo cual podría proporcionar a la AES un acceso estratégico al comercio marítimo (Jeune Afrique, 2024). Este movimiento aleja a la AES del eje impulsado por Argelia, que promueve el gasoducto transahariano como su principal proyecto regional (Africa Intelligence, 2023).
Avances institucionales: Hacia un bloque económico y político.
Más allá del plano militar, la AES ha comenzado a dar pasos hacia una integración regional más profunda. La emisión de pasaportes comunes y la propuesta de instaurar una moneda única que sustituya al franco CFA constituyen señales claras de un proyecto político más ambicioso (RFI, 2024). Estas medidas buscan facilitar la movilidad y el comercio interno, y simbolizan una ruptura con el legado económico colonial.
Este impulso institucional podría convertir a la AES en un nuevo polo de integración regional. Sin embargo, su viabilidad a largo plazo dependerá de la capacidad para consolidar estructuras de gobernanza inclusiva y mecanismos de resolución de conflictos internos (International IDEA, 2023).
La dimensión militar: Ofensivas, contraofensivas y límites operativos.
En el plano militar, la respuesta de la AES a los ataques yihadistas ha sido intensa. Malí, Burkina Faso y Níger han desplegado fuerzas conjuntas en zonas clave como Gao, Mopti, Oudalan y Tessit. El Ejército maliense ha destacado por su uso de drones y helicópteros artillados rusos (BBC Africa, 2024). No obstante, esta creciente militarización ha generado un incremento paralelo de abusos contra la población civil, especialmente cuando se recurre a milicias paramilitares como los Voluntarios para la Defensa de la Patria (VDP) en Burkina Faso (Amnistía Internacional, 2023).
En Níger, la retirada de tropas extranjeras ha dejado vacíos de poder que los yihadistas han explotado. A pesar de refuerzos en las fronteras con Chad y Nigeria, la infiltración de combatientes de Boko Haram y el Estado Islámico sigue siendo una amenaza constante (UNOCHA, 2024). La eficacia operativa de la AES se ve limitada por la falta de logística compartida, inteligencia coordinada y medios de transporte militar adecuados.
Impacto humanitario y social.
La violencia no solo afecta a los combatientes. Miles de civiles han sido desplazados, generando una crisis humanitaria de grandes proporciones. En ciudades como Gao, Dori o Tombuctú, los toques de queda, cortes de comunicación y escasez de suministros han deteriorado la vida cotidiana (World Food Programme, 2024). Organizaciones humanitarias han alertado sobre el riesgo de hambruna y colapso sanitario.
Además, la radicalización de algunos sectores de la población, especialmente entre los jóvenes sin acceso a educación ni empleo, representa una amenaza estructural. La AES, si aspira a la sostenibilidad, deberá complementar su estrategia de seguridad con políticas de desarrollo social, educación cívica y reconciliación nacional (UNDP, 2023).
Conclusiones: Un nuevo paradigma de soberanía africana y los riesgos emergentes.
La Alianza de Estados del Sahel no es solo una coalición surgida de la urgencia. Representa un intento deliberado de romper con la dependencia histórica de estructuras exógenas que no han sabido resolver los problemas estructurales de África occidental. Se trata de un experimento político que busca combinar seguridad, autonomía y desarrollo en un entorno de máxima complejidad.
A corto plazo, la AES enfrenta retos significativos:
- Eficacia en seguridad interna: Su capacidad para reducir la violencia sin asistencia extranjera será clave para su legitimidad.
- Resiliencia económica: Sus miembros deberán negociar con socios regionales para garantizar su viabilidad económica.
- Equilibrio geopolítico: La diversificación de aliados será crucial para evitar una dependencia excesiva de potencias como Rusia.
A largo plazo, la AES podría convertirse en modelo para otros bloques regionales, redefiniendo la cooperación africana desde una lógica de horizontalidad y soberanía compartida. No obstante, su éxito dependerá de su capacidad para construir instituciones sólidas, respetar los derechos humanos y establecer mecanismos de desarrollo sostenibles.
La amenaza de la radicalización en el Sáhara Occidental.
Un elemento que podría desestabilizar estos esfuerzos es la “creciente radicalización de fracciones del Frente Polisario” movimiento independentista que reclama la soberanía del Sáhara Occidental. Si bien el Frente ha mantenido históricamente un perfil laico y nacionalista, recientes informes de inteligencia y de organismos internacionales advierten sobre la “posible infiltración de elementos yihadistas” en sus campos de refugiados y en zonas bajo su control en la región de Tinduf (Gómez de las Heras, 2024; Le Monde Afrique, 2023).
La fragilidad institucional, la marginación juvenil y la prolongación del conflicto saharaui han creado un caldo de cultivo para la radicalización. Esto no solo representa una amenaza para la estabilidad del Magreb, sino que “podría desbordarse hacia el Sahel”, sirviendo de enlace entre redes yihadistas activas en el norte de Malí y células dormidas en Mauritania y el sur de Argelia.
En este contexto, el “acuerdo entre la AES y Marruecos para obtener acceso al Atlántico a través del puerto de Dajla” podría verse comprometido. La región del Sáhara Occidental, aunque administrada de facto por Marruecos, sigue siendo un territorio en disputa según el derecho internacional. Si la actividad yihadista en la zona aumenta, “los corredores logísticos y comerciales de la AES podrían convertirse en blanco de ataques”, generando un nuevo frente de inestabilidad y cuestionando la viabilidad de la salida marítima como motor económico para la alianza.
Una oportunidad histórica con condiciones estrictas.
El Sahel ha dejado de ser una zona periférica. Hoy es un tablero geopolítico donde se juega parte del futuro de África. La AES tiene ante sí una oportunidad histórica para marcar un antes y un después en los modelos de integración y soberanía africana. Sin embargo, este proceso no será automático ni exento de obstáculos. La amenaza del yihadismo, la debilidad institucional y la instrumentalización externa siguen siendo factores que pueden truncar el proyecto.
Si la AES logra combinar una política de seguridad efectiva con una visión de desarrollo sostenible, alianzas equilibradas y mecanismos de inclusión social, podrá consolidarse no solo como una alianza militar coyuntural, sino como un nuevo paradigma africano de gobernanza regional.
Raúl González
Minerva Institute

