Resumen
El artículo analiza la sofisticada arquitectura de influencia global de la República Popular China, definida como una estrategia de «guerra cognitiva». Bajo el mandato de Xi Jinping, Pekín ha integrado el «Frente Unido», las «Tres Guerras» (psicológica, mediática y legal) y la diplomacia de los «Guerreros Lobo» para reconfigurar el orden mundial hacia un modelo sinocéntrico. A través de la manipulación en redes sociales, la propaganda encubierta en el Sur Global y la represión transnacional mediante comisarías clandestinas, China busca neutralizar la disidencia y legitimar su narrativa hegemónica. Para concluir, y con la perspectiva del creciente espionaje industrial y militar, se expone la maquinaria holística que desafía la seguridad de las democracias occidentales.
Palabras clave
Guerra cognitiva, Frente Unido, Guerreros Lobo, Represión y Desinformación.
THE PEOPLE’S REPUBLIC OF CHINA AND DISINFORMATION
A comprehensive analysis.
Abstract
The article analyzes the People’s Republic of China’s sophisticated global influence architecture, defined as a «cognitive warfare» strategy. Under Xi Jinping, Beijing has integrated the «United Front,» the «Three Warfares» (psychological, media, and legal), and «Wolf Warrior» diplomacy to reshape the global order toward a Sinocentric model. Through social media manipulation, covert propaganda in the Global South, and transnational repression via clandestine police stations, China seeks to neutralize dissent and legitimize its hegemonic narrative. In conclusion, and with the perspective of increasing industrial and military espionage, the text exposes the holistic machinery that challenges the security of Western democracies.
Key words
Cognitive warfare, United Front, Wolf Warrior, Repression, Disinformation
Para citar este artículo (APA 7ª edición):
C.I, Álvaro. (01/06/2026). La República Popular China y la desinformación. Un análisis integral. Minerva Institute. Documento de información 20/2026. Enlace web y RRSS. Consultado 25/05/2026
1.Introducción.
En el escenario geopolítico contemporáneo, la República Popular China (RPC) ha desplegado una arquitectura de influencia global sofisticada, diseñada no solo para alterar la percepción internacional, sino para neutralizar la disidencia, reconfigurar el orden mundial y establecer una alternativa discursiva. Este despliegue no se limita a las esferas de la diplomacia tradicional o a la proyección de poder militar y económico, sino que se enmarca dentro del concepto de la tan de moda guerra cognitiva. Bajo la administración de Xi Jinping, la estrategia de seguridad nacional de China ha adoptado un enfoque transversal que trasciende a la defensa territorial (USCC, 2023). Este nuevo enfoque incorpora cuestiones de estabilidad política, cohesión cultural, sentimiento público y la batalla por las narrativas globales como pilares fundamentales de la supervivencia del Estado.
Para el Ejército Popular de Liberación (EPL) de China, esto se traduce en operaciones de dominio cognitivo, una extensión de su concepto de las «Tres Guerras» (Three Warfares), que engloba la guerra psicológica, la guerra de opinión pública y la guerra legal (lawfare). Este concepto de las «Tres Guerras» se fundamenta en un aparato masivo y bien financiado de propaganda mediante el cual China busca lograr la victoria y someter a sus adversarios sin necesidad de llegar a un conflicto cinético, al más puro estilo de Sun Tzu.
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Orígenes doctrinales del planteamiento de China.
Para desentrañar la naturaleza de las campañas de desinformación chinas y proyectar su evolución, resulta interesante establecer la comparación con el modelo soviético y su iteración rusa contemporánea. Las tácticas rusas de guerra de la información de la Guerra Fría, una serie de estrategias encubiertas utilizadas por la KGB para difundir desinformación, influir en gobiernos extranjeros y socavar la moral sociopolítica, mientras que la singular idiosincrasia de Beijing ha dado lugar a aproximaciones diferentes al concepto, como su enfoque en el individuo y no en los efectos o los diferentes pesos específicos de sus respectivos servicios de inteligencia (Mattis, 2018).
2.1. La influencia del «Frente Unido» chino
La estrategia de influencia china emana de una tradición política y operativa que se entremezcla con el «Frente Unido» del Partido Comunista Chino. Durante la Guerra Civil China, el Frente Unido fue concebido como una herramienta para cooptar a las élites, movilizar a aliados y neutralizar a los enemigos del Partido. En la era contemporánea, esta burocracia de operaciones de influencia cuenta con una estructura especializada y compleja (González Francisco, 2025) que involucra a la maquinaria del Estado, la industria, el ejército y el sistema universitario.
A diferencia de otras potencias, el enfoque del PCCh generalmente parece mucho más suave, prefiriendo la construcción de relaciones interpersonales persona a persona por encima de los efectos disruptivos a corto plazo. El peso de la influencia china recae en la construcción de relaciones de élite y en el uso de «guardianes» que facilitan las incursiones y abren la puerta a los intereses de Pekín en el extranjero (Mattis, 2018).
El objetivo primordial es reformar las instituciones mundiales a imagen de China y reemplazar eventualmente a Estados Unidos y a Occidente como la potencia dominante, dando cumplimiento a su idea del “Reino medio” (Eiselt, 2026). Para ello, buscan ganar amigos e influir sobre otros utilizando en ocasiones un poder “incisivo” que es coercitivo pero rara vez violento. Su campaña es muy abierta, empleando desde generosos pagos e intercambios de estudiantes hasta el establecimiento de Institutos Confucio, que actúan a menudo como difusores de influencia.
2.2. Las «Tres Guerras» y la ingeniería social
El segundo pilar de esta doctrina es la operacionalización militar de la información mediante las «Tres Guerras» (Garcia Cantalapieda, 2022), aprobadas formalmente por el Ejército Popular de Liberación (EPL) en 2003 para lograr la victoria estratégica controlando el entorno previo al conflicto:
En primer lugar se encuentra la “Guerra psicológica” (Xinli Zhan). Se orienta a gestionar la voluntad del adversario, disuadir y socavar su capacidad de decisión mediante demostraciones de fuerza asimétrica, buscando inducir una sensación de inevitabilidad sobre el ascenso chino o el costo prohibitivo de la resistencia.
La segunda pata de este enfoque es la “Guerra mediática” (Yulun Zhan). Para ello se incide en el control de la narrativa en los medios globales. Al romper el monopolio occidental del discurso, China se convierte en el narrador de su propia historia. Para ello se sirve de movimientos como la inundación del ecosistema informativo para generar dudas que paralicen la respuesta internacional.
Por último, aparece la “Guerra legal” o Lawfare (Falv Zhan): El uso del derecho internacional como arma. China reinterpreta normativas o crea hechos consumados para legitimar sus acciones (como en el Mar de China Meridional), obligando al adversario a navegar un laberinto jurídico que garantiza la ventaja estratégica china.
Con la ayuda de esta maquinaria y técnicas de ingeniería social, el sistema político de China está excepcionalmente bien posicionado para llevar a cabo una planificación a largo plazo. Los operadores chinos utilizan técnicas sofisticadas de persuasión, incluyendo el «control reflexivo» diseñado por los soviéticos (Trachtenberg, 2023) para convencer a los objetivos de que actúen de maneras que beneficien al atacante, logrando que las víctimas asuman dichas decisiones como propias y operen a su favor, generalmente sin saberlo.
3.La diplomacia de los «Guerreros Lobo» y la táctica asertiva en redes sociales
Una vez expuesta la profundidad teórica del planteamiento de Beijing, conviene presentar casos concretos para documentar esta realidad. Históricamente, la diplomacia de la República Popular China operaba bajo el dictado de mantener un perfil bajo y una retórica cooperativa, siguiendo el principio de ocultar la fuerza y esperar el momento oportuno. Sin embargo, bajo el mandato de Xi Jinping, esta postura ha evolucionado hacia la diplomacia de los «Guerreros Lobo», un término inspirado en la saga de películas de acción chinas que proyecta una actitud nacionalista, asertiva y de confrontación (Meyer, 2022).
Los diplomáticos chinos han abandonado la contención para responder de forma virulenta a cualquier crítica externa (Dettmer, 2020), buscando proyectar una imagen de una China fuerte que no tolera condescendencias. Su objetivo es doble: servir a un público interno, validando el prestigio nacionalista, e intimidar a actores internacionales para silenciar relatos contrarios a los intereses del Partido.
3.1. X (Twitter) como campo de batalla
La plataforma X (anteriormente Twitter) se convirtió en el principal foro para esta nueva beligerancia. A pesar de que la red social está oficialmente censurada para los ciudadanos dentro de China continental, a partir de 2019, diplomáticos, embajadores y portavoces del Ministerio de Asuntos Exteriores irrumpieron en la plataforma para proyectar las directrices de Beijing a la audiencia global.
Figuras prominentes como los ex portavoces Zhao Lijian y Hua Chunying, y embajadores como Gui Congyou (cuya gestión en Suecia estuvo marcada por constantes fricciones y amenazas a la prensa local) y Liu Xiaoming en el Reino Unido han sido etiquetados como Guerreros Lobo (Martearena, 2023), llegando a acumular cientos de miles de seguidores. De manera sorprendente, diplomáticos chinos llegaron a tener más seguidores en X que primeros ministros de países europeas, lo que indica un nivel de influencia comunicativa sin precedentes.
Estos funcionarios utilizan la plataforma para lanzar ataques ad hominem, amenazar con represalias económicas y reprender a los gobiernos anfitriones. Durante la pandemia de COVID-19, la agresividad alcanzó niveles inéditos. En Sri Lanka, la embajada china acusó a Occidente de dobles raseros mientras que en India, tacharon las demandas de compensación por el virus de tonterías ridículas.
3.2. Amplificación del mensaje y automatización de la influencia
La aparente popularidad de los Guerreros Lobo no es un fenómeno orgánico, sino que está sustentada por una monumental infraestructura de manipulación e interferencia. Los mensajes diplomáticos son retroalimentados y propulsados por enjambres de cuentas falsas y redes coordinadas (Twigg y Allen, 2021).
La magnitud de este ejército digital quedó expuesta gracias a eventos de gran magnitud como las protestas prodemocracia en Hong Kong en 2019. En respuesta a la masiva disidencia ciudadana, Twitter se vio forzado a intervenir, eliminando una red de más de 32.000 cuentas. Las investigaciones revelaron que 23.750 perfiles constituían el núcleo operativo altamente activo directamente vinculado al gobierno chino, responsable de tuitear incesantemente en varios idiomas para deslegitimar a los manifestantes y ensalzar al Partido Comunista. A este núcleo se sumaban aproximadamente 150.000 cuentas identificadas como «amplificadores» (Kayali, 2020), cuya única función era retuitear y generar volumen artificial (astroturfing) para manipular los algoritmos de tendencias.
Esta maquinaria ha evolucionado y además se retroalimenta en ciertas ocasiones con el ecosistema desinformativo ruso, creando sinergias narrativas. El ejemplo perfecto es la difusión de parte de la narrativa rusa por parte de Beijing al comienzo de la guerra de Ucrania (Departament of state, 2025).
A esto hay que sumar el aprovechamiento de las redes sociales para diseminar propaganda y manipular la opinión pública empleando métodos asimétricos. Un ejemplo notable de esta convergencia táctica es la operación «Spamouflage» (Nimmo, François, Shawn y Ronzaud, 2020), en la que cuentas controladas por China se hacen pasar por usuarios locales para difundir desinformación y contenido divisivo en las democracias occidentales.
4.Narrativas positivas para «Contar bien la historia de China»
Para tratar de contrarrestar los efectos de las campañas más agresivas, China invierte simultáneamente en vastas campañas de propaganda encubierta y relaciones públicas positivas. En agosto de 2013, Xi Jinping acuñó la directiva de «contar bien la historia de China» (CMP, 2021), ordenando al aparato estatal, a los medios de comunicación y a los actores privados que innovaran en su propaganda externa para mejorar el poder de discurso internacional.
Este concepto no implica la libre expresión ciudadana, sino la subordinación de todas las narrativas a los objetivos ideológicos del PCCh. En la práctica, se traduce en inundar el ecosistema con relatos sobre la supuesta supremacía de la gobernanza china, la erradicación de la pobreza extrema, la paz social y el liderazgo indiscutible de Beijing en tecnología verde e infraestructuras.
4.1. El ecosistema de propaganda en el Sur Global
La materialización más evidente de esta estrategia se observa en África y otras regiones del Sur Global, donde China ha implementado una estrategia de copamiento informativo. La agencia estatal de noticias Xinhua ha expandido su presencia a 37 oficinas en el continente africano, en contraste con cualquier corporación de noticias occidental. En el ámbito de las telecomunicaciones, el conglomerado StarTimes se ha posicionado como el proveedor dominante en la televisión digital, instalando antenas parabólicas en 10.000 hogares rurales a lo largo de 20 naciones africanas, asegurando que la programación afín al PCCh llegue directamente a las poblaciones más remotas (Nantulya, 2024).
Además, China financia programas de formación masiva para jóvenes periodistas africanos. Solamente en Kenia, entidades mediáticas chinas emplean a 500 profesionales locales que despachan unos 1.800 artículos mensuales bajo la directriz narrativa de Beijing (Nantulya, 2024). Los directivos de medios independientes africanos han expresado su preocupación ante el riesgo de que redacciones enteras acaben alienadas por la influencia de la formación política impartida en Beijing, socavando la objetividad periodística en democracias incipientes.
4.2. Adaptación al entorno digital mediante creadores de contenido
En Occidente, donde los medios tradicionales (como Xinhua o CGTN) son observados con suspicacia, China emplea diferentes modus operandi, como el blanqueamiento de los mensajes propagandísticos a través de intermediarios aparentemente independientes.
El gobierno y sus entidades asociadas contratan y promocionan a influencers occidentales, vloggers y creadores de contenido para plataformas de vídeos cortos como TikTok y YouTube. A través de viajes de prensa esponsorizados y financiación encubierta, estos individuos producen documentales y reportajes elogiando la modernidad de ciudades chinas (Bachuska, Karásková y Szatters, 2026), el avance de las energías renovables, y negando de forma activa los abusos de derechos humanos en regiones como Xinjiang, presentando una visión utópica. El fin es tratar de sembrar la idea subliminal de un Occidente fracturado y caótico en agudo contraste con el orden y progreso de la República Popular.
5.El informe 110 Overseas y la represión en el extranjero.
El informe «110 Overseas», publicado en 2022 por Safeguard Defenders, destapó una red global de operaciones de represión transnacional dirigida por el Estado chino. La investigación reveló la existencia de instalaciones clandestinas en 20 países, operadas principalmente por las Oficinas de Seguridad Pública de Fuzhou y Qingtian. Aunque Beijing intentó justificarlas como centros administrativos gestionados por «voluntarios» para asistir a expatriados con trámites consulares durante la pandemia, el informe demostró el uso como estaciones policiales encubiertas camufladas en comercios y asociaciones culturales.
El mecanismo central de estas oficinas es la persuasión para el retorno de ciudadanos concretos. Esto es un eufemismo que esconde tácticas de influencia y chantaje. En lugar de utilizar los canales legales de cooperación internacional, las autoridades chinas localizan a disidentes, activistas y fugitivos políticos en el extranjero y presionan a sus familiares que permanecen en China continental, amenazándolos con privaciones de empleo, educación o libertad. Bajo este chantaje emocional, el sistema ha logrado presionar el retorno forzoso de cientos de miles de ciudadanos, silenciando así a voces críticas mediante la coacción.
España ha sido un punto esta red, identificándose nueve instalaciones clandestinas distribuidas en ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia (Safeguard Defenders, 2022). Tras estas revelaciones, el Ministerio del Interior español inició investigaciones (de la Cal, 2022) para determinar el alcance de estas actividades como una flagrante violación de la soberanía nacional.
La existencia de esta red es preocupante porque no solo constituye una transgresión de la soberanía, sino que apuntala las campañas de desinformación del PCCh. Al neutralizar a los disidentes y exiliados que poseen la credibilidad y el conocimiento para desmentir la propaganda en tiempo real, el régimen asegura que no existan voces disidentes que desafíen su narrativa hegemónica. El control sobre la diáspora garantiza que la imagen de una China próspera y armónica permanezca en el exterior, eliminando cualquier contrapunto informativo que pueda desarticular su influencia estratégica.
Conclusión
Se identifican patrones que confluyen en todas las estrategias de desinformación conocidas, como el uso de RRSS o la amplificación mediante redes de bots y uso de IA. Por otra parte, también se detectan practicas menos comunes, como la presencia de “comisarias”. La asertividad de las acciones está aumentando en la medida en que el panorama internacional está evolucionando.
El despliegue de la República Popular China no debe analizarse mediante una aproximación fragmentada. Las agresivas tácticas de los diplomáticos «Guerreros Lobo» en la red social X, la masificación de campañas algorítmicas de desinformación, las promociones edulcoradas del modelo chino vertidas en el Sur Global, y la institucionalización de la represión transnacional mediante comisarías clandestinas, son engranajes intrínsecamente conectados. Conforman una maquinaria holística de Guerra Cognitiva cuyo desarrollo continúa.
A diferencia del paradigma operativo de las medidas activas soviéticas y rusas cuyo pilar es sembrar la disrupción, el caos estructural y la duda nihilista, la estrategia del Partido Comunista bajo el prisma del Frente Unido tiene una finalidad a largo plazo. China aspira a «contar bien su historia» para forzar el advenimiento pacífico, pero ineludible, de un orden mundial sinocéntrico. Y para garantizar el triunfo de esa narrativa aséptica y tecnocrática, el régimen no vacila en eliminar quirúrgicamente cualquier asimetría informativa, extendiendo los tentáculos para amordazar a los ciudadanos exiliados y acallar a los disidentes.
Todo esto se implementa mientras aumentan los casos de espionaje contra supuestos agentes chinos por todo el mundo, como la reciente acusación federal contra la exalcaldesa de Arcadia, California, por actuar como agente ilegal para Pekín a través de propaganda encubierta (Departamento de Justicia de EEUU, 2025), la detención de un ciudadano chino por tomar fotografías ilegales en instalaciones militares de alta seguridad (Teller, 2026), o el arresto en Alemania de un matrimonio acusado de espionaje corporativo y técnico para obtener tecnología de doble uso militar (de Cabo, 2026).
El desafío que enfrentan las democracias va más allá del tradicional fact-checking o las protestas diplomáticas. La resiliencia ciudadana y la integridad institucional exigen una aproximación contundente. Las naciones democráticas deben perfeccionar sus herramientas legislativas contra la injerencia extranjera para neutralizar este tipo de operaciones, tanto físicas como cibernéticas.
Alvaro C.I.
Analista de Minerva Institute
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