Resumen
Palabras clave
Abstract.
China is positioned as a revisionist actor in the new world order. To achieve this, it urgently needs raw materials and control of communication routes. Its current strategy is based on the One Belt One Road (OBOR) initiative. However, an interesting alternative to current global communications is the Arctic route, which could greatly reduce the time it takes for merchant traffic to travel. Additionally, the Arctic offers mineral and energy resources that China could benefit from. To achieve its goals, China must address two issues. First, it must improve relations with Russia, the leading global Arctic power. Second, China must reduce the influence of the United States and its allies because the United States is the declining global power that China wants to replace. Depending on how China plays its cards in the Arctic, its future as a great power will be greatly affected.
Keywords
China, Russia, US., Artic, OBOR, PSR
Introducción.
El deshielo en el Ártico crea un escenario de oportunidades y enfrentamientos. Supone la apertura de nuevos pasos y rutas de navegación, y el acceso a reservas de recursos naturales como el petróleo, gas, minerales, tierras raras y pesca. La apertura de estas rutas las convierte en alternativas de tránsito comercial frente a otras rutas con Chocke Points -como los estrechos de Malaca y Ormuz, o el Canal de Suez y el de Panamá.
Está aumentando la probabilidad de que la región se convierta en un escenario de conflicto debido a los intereses de las potencias regionales y globales, así como al contexto geopolítico internacional de enfrentamiento entre los países Occidentales y los países de un bloque liderado por China y Rusia.
El aumento de la tensión en la región -y en el mundo- se vio favorecido por la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014 y, especialmente, la invasión rusa a Ucrania en 2022. Desde 2022, todos los miembros del Consejo Ártico han dejado de colaborar con Rusia en este organismo, a lo cual se une la adhesión de Finlandia y Suecia a la OTAN. A excepción de Rusia, todos los miembros del Consejo Ártico son países OTAN.
Los Estados ribereños o Arctic 5 -EEUU, Canadá, Noruega, Dinamarca y Rusia- quieren ejercer el control directo de sus aguas y exigir cuotas de gobernabilidad en función de sus plataformas continentales. Contra esta postura se encuentran varios países, entre los cuales destaca China.
En esta región, y en este contexto, está aumentando la presencia de China, especialmente desde la llegada de Xi Jinping al poder en 2012. Para entender mejor la presencia china en el Ártico es necesario entender el contexto mencionado, así como los intereses regionales de Rusia y EEUU.
Rusia
Rusia tiene en el Ártico unos fuertes lazos históricos y culturales, siendo una región estratégica para Rusia. La priorización por el Ártico se ha venido recuperando desde la llegada al poder de Putin, potenciado la militarización en la región con una importante flota que incluye submarinos y rompehielos. Cuenta con siete rompehielos de propulsión nuclear de los 41 que tiene, y varios más en construcción. También está modernizando sus fuerzas en el Ártico. Esta militarización convierte a Rusia en el país mejor posicionado militarmente en el Ártico.
En 2008 publicó el documento “Fundamento de la política estatal de la Federación Rusa en el Ártico hasta el año 2020 y con una perspectiva ulterior”, en el cual su política ártica se basaría en el principio de cooperación con los demás países árticos, y en la militarización y asertividad para defender su soberanía. En 2019 publicó su “Plan para el Desarrollo de la Ruta Marítima Norte”, una estrategia integral con horizonte 2035 que establece sus prioridades estratégicas en la región.
El fuerte interés ruso en el Ártico también se debe a las reservas naturales y a la importancia que tienen y tendrán las rutas marítimas en la región. Del Ártico, Rusia obtiene en torno al 10-20% de su PIB, y el 20% de sus exportaciones. La explotación de estos recursos y el control de las rutas marítimas supondría para Rusia una gran fuente de ingresos, y afianzaría su hegemonía en la región. Además, pretende aumentar su poder en la región ampliando su plataforma continental, lo cual le daría acceso a más recursos y mayor control de las rutas marítimas.
El control ruso del Ártico pasa también por alianzas estratégicas, ya que necesita socios que aporten material, infraestructuras y tecnología para llevar a cabo la explotación de estos recursos. Rusia tiene escasez de infraestructuras y comunicaciones, baja productividad y densidad demográfica baja. A todo esto, se unen las sanciones que ha recibido por Occidente desde 2014.
Desde 2014 y, especialmente, 2022, Rusia ha visto reducida sus relaciones -bilaterales y multilaterales- con varios países a nivel internacional y regional. El 3 de marzo de 2022, tras la invasión a Ucrania, el resto de miembros del Consejo Ártico dejaron de participar en este Consejo, haciéndolo inoperante.
Este cambio con el Consejo Ártico mejora la posición de la OTAN en la región -incluyendo a Finlandia y Suecia tras la invasión a Ucrania. La OTAN considera a China como un desafío estratégico, lo cual choca con las relaciones bilaterales que mantienen algunos de sus miembros con China.
El comercio ruso con Occidente se ha reducido, así como el comercio entre China y Occidente. Ante el contexto regional e internacional presentado, Rusia y China han reforzado y potenciado su relación bilateral especial. Este acercamiento ha permitido a ambos países evitar el cerco económico, político y comercial de Occidente.
China
En 1925 China fue signataria, junto a otros 39 Estados, del Tratado de Svalbard -que reconocía a Noruega su soberanía en Svalbard, y la igualdad de derechos en el acceso a los recursos naturales en la región. En 2005 empezó a manifestar su intención de ser más activa en el Ártico. Desde 2013 es miembro observador del Consejo Ártico.
En 2018 publicó su “Libro Blanco del Ártico”, que establece su estrategia en la región, presentándose como un “Estado casi Ártico”. Aunque no se mencione la seguridad militar, sus fuerzas armadas forman parte de las ambiciones de China de convertirse en una gran potencia polar. China busca en el Ártico proyectar su poderío marítimo hacia la costa de EEUU.
China ha aumentado y potenciado su presencia en la región. La apertura de las rutas árticas acortará tiempo y costes de navegación, y suponen rutas alternativas al Mar de China Meridional y a los principales Choke Points.
En el Ártico ha desplegado una ramificación de su estrategia global One Belt, One Road, denominada como la Ruta de la Seda Polar. OBOR y la RSP sirven en la estrategia global china de diversificación de sus líneas y redes de suministro. Esta RSP nace de la invitación, en 2017, del presidente Putin de unir la Ruta de la Seda a la Ruta Ártica del Noreste (RAN). La RAN es un 40% más corta en distancia entre Asia y Europa -entre 12 y 15 días.
La creciente presencia de China en la región se debe también a los recursos árticos. En el Ártico se encuentran el 30% de las reservas mundiales de gas, entre el 13-20% de petróleo, etcétera. Por otro lado, en el Ártico se registran entre el 4-5% de la pesca mundial.
Respecto a las tierras raras, es una cuestión fundamental para China. Son imprescindibles en la producción de aparatos electrónicos, afectando a sectores claves como la energía o el militar. China posee el 36% de las reservas conocidas de tierras raras. Domina la producción y el mercado de tierras raras, así como la cadena de producción y suministro global.
Rusia ha reorientado la exportación de sus recursos naturales, pasando de Occidente a China. En febrero de 2022 -antes de la invasión a Ucrania-, China y Rusia firmaron un acuerdo y alianza estratégica sin límites.
Antes de la invasión de 2022, China lograba acceder al Ártico manteniéndose alejada de la rivalidad entre Rusia y el resto de Estados árticos. Sin embargo, las sanciones a Rusia por dicha invasión también afectan a China en sus relaciones con Rusia y con el resto de los estados árticos, obligando a China a mantener un delicado equilibrio en sus relaciones bilaterales y multilaterales.
La relación con Rusia le permite a China protegerse en el norte y afrontar de las amenazas estratégicas en el sur -Mar de China, Taiwán, el posible cerco en la “cadena de islas”, etcétera.
La cooperación militar chino-rusa es muy importante. Desde 2017 se han intensificado las maniobras militares y de patrulla conjuntas entre China y Rusia, enmarcadas sus fuerzas en el Cuerpo de Guardacostas de ambos países.
El Ártico sigue siendo zona de cercanía entre países y bloques enfrentados, y China no es ajena a esta situación. En el Ártico se están desplegando cadenas de radares y sistemas avanzados de detección, bases de apoyo y acceso de submarinos que permiten desplegar misiles balísticos SSBN.
China cuenta con dos rompehielos, y su programa naval incluye otro de propulsión nuclear, que pueden actuar de escoltas o como buques de apoyo de los submarinos nucleares. Además, en 2019, China lanzó su primer satélite de observación polar.
La relación con Rusia es vista por China como algo eventual y coyuntural en un marco de bloque antioccidental al cual se unen otros actores, primando los intereses compartidos e ignorando las divergencias. China necesita de Rusia sus recursos naturales y el acceso a ellos -como ocurre en el Ártico-, y Rusia necesita de la tecnología, industria y mercados chinos que sustituyan a los europeos.
El Ártico ruso recibe la mayor parte de las inversiones chinas en la región. Un ejemplo es el proyecto gasístico Yamal LNG, en el colaboran la empresa rusa Novatek y la china CNPC -entre otros. Este campo gasístico se enmarca en la RAN, y se vale también de la RSP. Cuenta con infraestructuras para transportar el gas hacia el resto de Europa y Asia.
La necesidad china de acceder a los recursos energéticos rusos se contrapone al interés ruso por controlar el Ártico y su zona de influencia. El éxito que puede tener la RSP afecta al control efectivo que quiere tener Rusia en la RAN. Y el éxito de China en el Ártico puede provocar que Rusia se vea estratégicamente envuelta -por China por un lado, y el resto de los Estados árticos por el otro.
Debe tenerse en cuenta también que el PIB chino es diez veces superior al ruso. Los intereses chinos y rusos no son los mismos. Son economías diferentes, la rusa basada en el petróleo y el gas, y la china en el comercio. La relación entre Rusia y China es de colaboración y de competencia. La RSP puede absorber parte del tráfico marítimo y del comercio mundial en el Ártico ruso. La mayor presencia china en la región, así como en Siberia, pone en riesgo la supremacía demográfica rusa.
Rusia sigue sin ver con buenos ojos la pretensión china de ser un “Estado cercano al Ártico”, ni su defensa de que los Estados no árticos tengan una mayor voz en los asuntos árticos. China es conocedora de esta desconfianza rusa por su presencia en el Ártico, y por ello su política ártica también sigue el principio de contención.
En el Ártico, China está aprovechando el espacio que está dejando Rusia. A nivel económico y comercial, está sustituyendo a Rusia como primer socio de los países árticos. Mantiene relaciones bilaterales importantes -con limitaciones- con Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia e Islandia -todas ellas miembros del Asian Infraestructure Investment Bank, construyendo infraestructuras de doble uso. Pero estos países siguen siendo miembros de la OTAN, la cual mira con recelo y preocupación la creciente presencia china en el Ártico.
Destacan las relaciones entre China y Dinamarca, enmarcadas en el territorio de Groenlandia. China, al igual que EEUU y los demás países, tienen un gran interés en Groenlandia por su posición estratégica y por los recursos de los que dispone -petróleo, gas, minerales, tierras raras y pesca. Groenlandia posee el 10% de los yacimientos mundiales de tierras raras, y aporta el 20% de la demanda mundial.
China está invirtiendo cada vez más en Groenlandia, lo cual está siendo frenado tanto por Dinamarca como por EEUU. Además, el partido independista de Groenlandia ha prohibido la minería de uranio en Groenlandia. Entre los groenlandeses, el 69% se muestra más cercano a EEUU -frente al 39% por China. Aun así, en 2020 casi el 20% de las exportaciones de Groenlandia se dirigían hacia China.
A nivel político y diplomático, China se muestra como un actor que respeta la soberanía de los Estados árticos -enmarcado en su estrategia de ascenso pacífico-, generando redes de cooperación -principalmente científicas- e influencia económica en el contexto de la RSP.
Respecto a EEUU, las relaciones con China se caracterizan por un enfrentamiento -económico, comercial, tecnológico, etcétera- entre actores con una fuerte interdependencia y complementariedad. La innovación y la tecnología determinan el futuro, permitiendo a China como potencia revisionista cambiar el paradigma internacional. Las redes de cooperación económica, comercial y tecnológica tejidas por China en el Ártico sirven para cubrir el espacio dejado también por EEUU. La Ruta de la Seda -incluida la RSP- choca con los intereses de EEUU.
La “Estrategia Nacional para la Región Ártica de EEUU” de 2022 -actualizada en 2024- plantea que China se ha valido de los compromisos de colaboración e investigación que China estableció en su Libro Blanco de 2018 para llevar a cabo investigaciones de doble uso con aplicaciones militares, lo cual preocupa a EEUU.
La presencia de China en el Ártico y en otras regiones, ocupando los huecos que Rusia y EEUU dejan, sirve para alterar el orden internacional. El Ártico es una región de la cual ninguna potencia global, incluida China, se puede desvincular.
EEUU
EEUU muestra una cierta distancia y desatención hacia los asuntos árticos. Uno de los motivos es que la costa ártica de EEUU es pequeña. Además, EEUU no depende tanto de los recursos energéticos árticos. También se debe a los recortes presupuestarios de los últimos años. EEUU cuenta sólo con dos rompehielos operativos en el Ártico, si bien la mayoría de los submarinos nucleares estadounidense pueden operar bajo el hielo ártico. También pueden operar en la región muchos portaaviones, grandes buques de combate y naves de guerra anfibias.
Para EEUU la región ártica es fundamental para el despliegue de sistemas de defensas aérea y de misiles. Cuenta con unidades de combate y apoyo, y en Groenlandia se encuentra la Base Aérea de Thule, la cual alberga un gran radar de detección de misiles balísticos intercontinentales (ICBM).
La estrategia militar norteamericana en el Ártico no pasa tanto por el rearme, sino por un incremento moderado de sus fuerzas en la región mediante el traslado de sus efectivos desde otras regiones. EEUU ha desplegado la Segunda Flota en el Atlántico Norte, y ha reactivado los ejercicios militares en la región en el marco OTAN -ejercicios Trident Juncture, parecidos a los realizados por Rusia. Cuenta también con infraestructuras de detección y alerta temprana.
EEUU emitió en 2019 una Estrategia Ártica con el objetivo de que el Ártico fuese una región segura y estable, buscando la salvaguarda de los intereses de EEUU y la cooperación con otras naciones en la consecución de intereses comunes. En octubre de 2022 se publicó una nueva Estrategia Nacional para la Región del Ártico, que incluía el nombramiento de un Embajador funcional para la Región Ártica.
Esta nueva estrategia es parte de la estrategia global de competición con Rusia y China. La apertura del Ártico Pacífico a las actividades chinas crea otro frente contra Occidente. Para EEUU, afecta a su seguridad respecto a las Islas Aleutianas y la ruta marítima del Pacífico Norte a través del Estrecho de Bering.
Desde el punto de visto tecnológico, EEUU no quiere, por razones de seguridad, que por los cables submarinos transcurra tecnología 5G de Huawei, especialmente el futuro cable submarino que une Europa con Japón, pasando por Alaska. Para EEUU, lo que China pretendería con su presencia en el cableado es facilitar el espionaje cibernético y la difusión del malware.
EEUU defiende la libertad de navegación, incluida en el Ártico. Está mostrando una cada vez mayor preocupación por la militarización rusa del Ártico, y por la creciente presencia china en la zona.
Conclusiones
China tiene ambiciones globales, afectándole lo que ocurre en el Ártico. El Ártico se convertirá en una parte importante de escenario internacional, razón por la que China quiere tener presencia en la zona a través de actividades económicas y científicas que incluyan el control de infraestructuras. Con el pretexto de la investigación científica o medioambiental, sus capacidades son de doble uso.
China enfatiza que el Ártico es uno de los bienes comunes mundiales. Respetando los derechos soberanos de los estados árticos, considera que los asuntos Árticos no son sólo regionales. Se proyecta en el Ártico bajo los principios de respeto, cooperación, beneficio mutuo y sostenibilidad. Su RSP serviría para la consecución de esta política, y ofrece una alternativa para su suministro energético.
Pero China encuentra graves dificultades para la consecución de sus objetivos en la región. Así, busca ejercer influencia a través de la investigación científica y con su capacidad económica y financiera.
De todas las relaciones bilaterales en la región, destaca desde 2014 y 2022 su relación regional y global con Rusia. Ambos países comparten fronteras y un pasado histórico, con sus respectivos intereses compartidos y enfrentados. Juntos, se muestran como bloque frente a EEUU, pero China necesita mantener un equilibrio en sus relaciones con el resto de los países árticos para la consecución de sus intereses regionales.
Miguel Jurado
Minerva Institute

